La reina quería seguir hacia Évora aquella misma madrugada, pero le expusieron el peligro de la empresa, aparte de que muchos carruajes venían retrasados, cosa que resultaría en perjuicio de la dignidad del cortejo, Y los caminos, sepa vuestra majestad, están que no se puede avanzar, ya cuando el rey pasó por ellos fue una calamidad, qué hará ahora, con la interminable lluvia que está cayendo, día y noche, noche y día, pero ya han dado orden al alcalde de Montemor para que reúna hombres que reparen los caminos, cieguen los atolladeros y aplanen las quebradas, descanse su majestad este día once en Vendas Novas, en el majestuoso palacio que el rey mandó construir, aquí tiene todas las comodidades, se distrae con la princesa y aprovecha para darle los últimos consejos de madre, Mira, hija mía, los hombres son siempre unos brutos la primera noche, en las otras también, pero ésta es peor, siempre dicen que van a tener mucho cuidado, que no va a doler nada, pero luego no sé qué les pasa por la cabeza, empiezan a gruñir, a gruñir, como perros, y nosotras, pobrecillas, no tenemos más remedio que aguantar las embestidas hasta que consiguen lo que quieren, que, a veces, se queda en nada, y una entonces no debe reírse de ellos, no hay cosa que los ofenda más, lo mejor es fingir que no nos dimos cuenta, porque si no es en la primera noche, es en la segunda, o en la tercera, de sufrir nadie nos libra, y ahora llamo al señor Scarlatti para que nos distraiga de los horrores de esta vida, la música es un gran consuelo, hija mía, la oración también, creo que todo es música, si no es oración todo.

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