No se sentó ya el padre Bartolomeu Lourenço, se acercó lentamente a la orilla del río, con Baltasar atrás, y allí mientras a un lado una barca descargaba paja en grandes fardos que los ganapanes transportaban a cuestas corriendo equilibrados sobre la plancha, y al otro lado estaban dos esclavas negras, tirando al agua la carga de los bacines de sus amos, orines o mierda del día o la semana, entre el natural olor a paja y el olor natural del excremento, dijo el padre, He sido el hazmerreír de la corte y de los poetas, uno de ellos, Tomás Pinto Brandão, llamó a mi invento cosa del viento que se ha de acabar pronto, si no fuera por la protección del rey no sé qué habría sido de mí, pero el rey creyó en mi máquina y permitió que, en la quinta del Duque de Aveiro, en San Sebastián da Pedreira, haga yo mis experimentos, en fin ya me dejan respirar un poco los maldicientes, que llegaron incluso a desear que me partiera las piernas cuando me lanzara del castillo, siendo cierto que yo nunca tal cosa había prometido, y que mis artes más tenían que ver con la jurisdicción del Santo Oficio que con la geometría, Padre Bartolomeu Lourenço, yo de esas cosas no entiendo, fui labrador, soldado no soy ya, y dudo que nadie pueda volar sin que le hayan nacido alas, quien diga lo contrario, entiende tanto de esto como de lagares de aceite, Ese gancho que llevas en el brazo no lo inventaste tú, fue preciso que alguien tuviera la necesidad y se le ocurriese la idea, que sin aquélla ésta no viene, que juntase cuero y hierro, y lo mismo esos navíos que ves en el mar, hubo un tiempo en que no tuvieron velas, y otro tiempo fue el de la invención de los remos, otro el del timón, y, así como el hombre, animal de tierra, se hizo marinero por necesidad, por necesidad se hará volador, Quien pone velas en un barco está en el agua, y en el agua queda, volar es salirse de la tierra para el aire, donde no hay suelo que nos ampare los pies, Haremos como las aves, que tanto están en el aire como posan en tierra, Entonces fue por querer volar por lo que conoció a la madre de Blimunda, por ser de artes sutiles, Oí decir que ella tenía visiones en que aparecía gente volando con alas de paño, cierto es que visiones sobra por ahí quien diga tenerlas, pero había tal verosimilitud en lo que me contaban que discretamente fui a visitarla un día, y después gané su amistad, Y llegó a saber lo que quería, No, no llegué a saberlo, comprendí que el saber de ella, si realmente lo tenía, era otro saber, y que yo debería perseverar contra mi propia ignorancia sin ayudas, ojalá no me engañe, Me parece que están en la verdad quienes dijeron que ese arte de volar más tenía que ver con el Santo Oficio que con la geometría, si yo estuviera en su caso, doblaría cautelas, mirad que cárcel, destierro y hoguera suelen ser la paga de esos excesos, pero de esto sabe un cura más que un soldado, Tengo cuidado, y no me faltan protecciones, Que lo veamos, pues.

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