Baltasar retrocedió asustado, se santiguó a toda prisa, como para no dar tiempo al diablo a concluir su obra, Qué está diciendo, padre Bartolomeu Lourenço, dónde está escrito que Dios sea manco, Nadie lo ha escrito, no está escrito, pero yo digo que Dios no tiene mano izquierda porque es a su diestra, a su mano derecha, donde se sientan los elegidos, no se habla nunca de la mano izquierda de Dios, ni las Sagradas Escrituras, ni los Doctores de la Iglesia, a la izquierda de Dios no se sienta nadie, es el vacío, la nada, la ausencia, luego Dios es manco. Respiró hondo el cura, y concluyó, De la mano izquierda.

Sietesoles había escuchado con atención. Miró el dibujo y los materiales dispersos por el suelo, la concha aún informe, sonrió, y levantando un poco los brazos dijo, Si Dios es manco e hizo el Universo, este hombre sin mano bien puede atar la vela y el alambre que han de volar.

Pero cada cosa tiene su tiempo. Por ahora, y faltándole al padre Bartolomeu Lourenço el dinero preciso para comprar los imanes que, según él, han de hacer volar la passarola, imanes que, para colmo, han de venir del extranjero, está Sietesoles en el matadero del Terreiro do Paço, por empeño del mismo cura, cargando a cuestas piezas de carne, cuartos de buey, lechones a docenas, carneros a pares, que pasan de un gancho a otro, y en el tránsito dejan cascadas de sangre en la arpillera que le cubre las espaldas y la cabeza, es oficio sucio, pero compensado por algunas sobras, un pie de cerdo, mollejas o higadillos y, Dios queriéndolo y el humor del matarife, una tajada de los ijares, de los cuartos traseros o de pata, envueltos en una crespa hoja de col, para que Blimunda y Baltasar se alimenten un poco mejor de lo vulgar, quien parte y reparte, aunque no sea Baltasar el del reparto, de algo le ha de servir el arte.

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