Para ese día bajó el rey de su grandeza y majestad, y asistió, no detrás de celosías, sino público, y no desde su tribuna, sino desde la de la reina, en muestra del mucho respeto que le merecía, puesta así la feliz madre al lado del feliz padre, aunque en silla más baja, y por la noche hubo luminarias. Sietesoles bajó con Blimunda desde el alto del castillo para ver las luces y los adornos, el palacio armado todo con colgaduras, los arcos alzados por los gremios. Está más cansado que de costumbre tal vez por haber cargado tanta carne para los banquetes que festejaron el nacimiento y van a festejar el bautizo. Le duele la mano izquierda de tanto arrastrar, izar, tirar. El gancho descansa en la alforja que lleva al hombro, Blimunda le coge la mano derecha.
En un mes de estos que pasaron murió de santa muerte fray Antonio de San José. Salvo si se aparece en sueños al rey, ya no podrá recordarle la promesa, pero soseguémonos, a pobre no prestes, a rico no debas, a fraile no prometas, y Don Juan V es rey de palabra. Convento tendremos.