Era el ciclón Babs, el tornado del sexto distrito: puré de casas. El Club agachaba la cabeza, se enfundaba en las gabardinas agarrándose con todas sus fuerzas de los cigarrillos. Cuando Oliveira pudo decir algo se hizo un gran silencio teatral. Oliveira dijo que el pequeño cuadro de Nicolas De Stäel le parecía muy hermoso y que Wong, ya que tanto jodía con la obra de Escoffier, debería leerla y resumirla en alguna otra sesión del Club. Babs lo trató otra vez de inquisidor, y Oliveira debió pensar algo divertido porque sonrió. La mano de Babs le cruzó la cara. El Club tomó rápidas medidas, y Babs se largó a llorar a gritos, delicadamente sujeta por Wong que se interponía entre ella y Ronald enfurecido. El Club se fue cerrando en torno a Oliveira de manera de dejar fuera a Babs, que había aceptado a) sentarse en un sillón y b) el pañuelo de Perico. Las precisiones sobre la rue Monge debieron empezar a esa altura, y también la historia de la Maga samaritana, a Ronald le parecía -estaba viendo grandes fosfenos verdes, entresueño recapitulador de la velada- que Oliveira le había preguntado a Wong si era cierto que la Maga estaba viviendo en un
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La rue Dauphine no quedaba lejos, a lo mejor valía la pena asomarse a verificar lo que había dicho Babs. Por supuesto Gregorovius había sabido desde el primer momento que la Maga, loca como de costumbre, iría a visitar a Pola. Caritas. Maga samaritana. Lea «El Cruzado». ¿Dejó pasar el día sin hacer su buena acción? Era para reírse. Todo era para reírse. O más bien había como una gran risa y a eso le llamaban la Historia. Llegar a la rue Dauphine, golpear despacito en la pieza del último piso y que apareciera la Maga, propiamente nurse Lucía, no, era realmente demasiado. Con una escupidera en la mano, o un irrigador. No se puede ver a la enfermita, es muy tarde y está durmiendo. Vade retro, Asmodeo. O que lo dejaran entrar y le sirvieran café, no, todavía peor, y que en una de esas empezaran a llorar, porque seguramente sería contagioso, iban a llorar los tres hasta perdonarse, y entonces todo podía suceder, las mujeres deshidratadas son terribles. O lo pondrían a contar veinte gotas de belladona, una por una.