– No te asustes -quiso tranquilizarme, aunque yo no me había asustado porque, a aquellas alturas de la tirada, creía tanto en las cartas como en los anuncios de la teletienda-. En esta carta se unen, según la Cábala, Hod (la mente) con Geburah (la severidad). En Geburah encontramos todas las órdenes y leyes que rigen en el universo, y una de ellas es la del Karma, que es la ley de causa y efecto. La letra hebrea que corresponde a este sendero es la letra Mem, que significa agua. Otros significados secundarios de la letra Mem son los de Madre Que Concibe y Fecundidad… ¿Me sigues?
Asentí con la cabeza pese a que no entendía nada.
– Por todo esto, yo diría que el padre de tu hijo vive cerca del agua. Un mar os separa.
Acto seguido apareció la carta de El Mago.
– Éste es. Esta carta representa al padre de tu hijo. En su trabajo transforma cosas. Creo que el padre trabaja en un laboratorio, quizá sea científico.
Mi escepticismo se iba convirtiendo en incredulidad pura y dura, porque yo siempre había salido con artistas o presuntos artistas o proyectos de (tres músicos, un corto-metrajista, dos aspirantes a escritores y un artista conceptual), pero no con un científico. Nunca me atrajeron los hombres de ciencias, y mucho menos los de ciencias puras. La palabra laboratorio me sonaba a formol, vivisección, ratas abiertas en canal y monstruos de Frankenstein. Sinceramente, empezaba a dudar mucho de la fiabilidad de las predicciones que me estaba haciendo aquella aprendiza de bruja o lo que fuera.
El As de Copas cayó sobre la mesa:
– Éste es El Hogar -me dijo la bruja.
Le siguió La Templanza:
– Esto es un cambio a mejor. En breve vas a hacer reformas en tu casa.
«Esto sí que no», me rebelé yo. La casa la había tenido que reformar de arriba abajo al comprarla -una reforma que acabó, como la mayoría, alargándose varios meses más de lo previsto y excediendo con mucho el presupuesto que se me había ofertado al principio-, y había acabado tan harta de obreros, andamios y pintura como para no plantearme siquiera tirar un tabique o pintar una pared en muchísimo tiempo.
Aparecieron entonces un montón de cartas de bastos en sucesión y, por fin, la carta de El Juicio, invertida:
– Veo enemigos, una situación muy, muy mala. Vas a tener que ir a juicio. Y lo perderás.
«Ya.»
Luego vino La Fuerza:
– Esto es un triunfo, y ahora ya no sé decirte si pierdes el juicio o lo ganas. Quizá quiera decir ambas cosas. Que lo ganes en un recurso o algo así. O que el perderlo te acabe reportando algo valioso.
No es que aquello me sonara imposible, pero tampoco muy plausible, dado que yo no había tenido que ir a juicio en toda mi vida, excepto a los quince años, cuando la que era mi profesora de Historia nos llevó a toda la clase a ver uno como actividad extraescolar destinada a hacer de nosotros, el día de mañana, unos ciudadanos conscientes de sus responsabilidades con la sociedad. Aunque, teniendo en cuenta que la mitad de clase acabó politoxicómana o alcohólica (categoría que nos incluye a Sonia, a Tania, a David Muñoz y a mí) y la otra mitad creo que narcotraficante, la verdad es que no le arriendo la ganancia a la pobre señorita Esperanza en lo que respecta a su fe en la influencia de las actividades extraescolares como parte de la formación de mentes preadolescentes.
Finalmente, la chica rubia acabó diciéndome que, aunque estaba pasando un momento muy malo y pese a que aún me quedaban más malos tragos que apurar en ese año, con el tiempo todo se iba a arreglar y mi vida empezaría a ser muy feliz, pero eso no iba a suceder de la noche a la mañana.
Como conclusión afirmó al ver aparecer una larga sucesión de cartas de oros que, sobre todo, debería confiar siempre en mi trabajo, pues eso nunca me iba a fallar y al final de mi vida me iba a reportar muchísimos triunfos.
En fin, como comprenderás, en principio no me creí ni una sola palabra de lo que aquella chica dijo y la tomé por una farsante que, eso sí, sabía mentir con mucha teatralidad. Me tengo que tragar mis palabras porque las predicciones se cumplieron una a una como se verá más adelante. Excepto la del trabajo, o al menos de momento, porque si lo del éxito de