De repente entendí el porqué de las manías de mi madre. Su obsesión, por ejemplo, de guardar siempre el terrón de azúcar que ponían en las cafeterías. En casa la palabra «azúcar» nunca figuró en la lista de la compra porque tirábamos de los montones de terrones y sobrecitos que mi madre acumulaba. También era una maniática de las latas y por ello siempre había cientos de ellas acumuladas en la despensa: de pisto, de fabada, de albóndigas, de lentejas, de pimientos fritos, de atún en escabeche y, sobre todo, botes y botes de berenjenas en salmorra, una cosa rarísima de encontrar que no nos gustaban a nadie excepto a mi padre, que se volvía loco por ellas. Mi tía Reme siempre bromeaba con mi madre y le preguntaba que por qué, ya puestos, no construía un refugio atómico en la despensa.

– Pues igual lo hago -respondía ella-. Nunca se sabe.

En la redacción de Laurita tu abuela concluía con su frase estrella, frase que le he escuchado repetir del orden de diez veces al día desde que tengo uso de razón, ya fuese al hablar de su juventud en Alicante, ya fuese para convencernos de que nos tocaba ir al colegio andando porque ella no se encontraba bien aquella mañana (una de tantas) y no podía llevarnos: «Lo que no te mata te hace más fuerte.»

Al acabar de leer el trabajo me di cuenta de que no sé nada de mi madre, de tu abuela.

Peor aún, de que nunca me he parado a escucharla.

<p>24 de octubre.</p>

El banco me niega el aval.

Las desgracias nunca vienen solas.

Ayer fuiste oficialmente presentada a Supernegro, que ya no se llama Supernegro sino Tibi. Yes portugués, de Madeira. Cuando se enteró de que te llamabas Amanda me preguntó cómo se me había ocurrido ponerte un nombre tan raro.

– ¿No había una cantante que se llamaba así? -me dijo ex-Supernegro, ahora Tibi-. Amanda Lear, que era travestí o transexual, no me acuerdo. Que tenía una pinta muy exagerada. Es que el nombre suena a eso… a nombre de chica de las que trabajan aquí.

– Y tú, ¿cómo te llamas de verdad? -le pregunté, ligeramente ofendida-. ¿Tiburcio o Tibidabo?

Se rió.

Vi a una cantante famosa en la tele haciendo de modelo de excepción en un desfile de L'Oreal. Pero si esta mujer parió cuatro semanas antes que yo, me dije, ¿cómo diablos ha hecho para recuperar la figura? Teniendo en cuenta que durante la cuarentena no se puede hacer ejercicio, o se ha pasado un mes haciendo abdominales o dos sin probar bocado. En ese momento una de las tertulianas del programa del corazón en el que las imágenes se mostraban dijo exactamente lo mismo que yo estaba pensando: «Pero, ¿cómo ha podido recuperarse tan rápido?» Otra tertuliana respondió: «Liposucción, hija.» Y una tercera apostilló: «No, no, querida, sé de buena tinta que Marta no se ha hecho ningún retoque» (últimamente, querría decir).

Me avergüenza reconocer que estaba viendo semejante programa, y no sé si sirve de excusa o de eximente decir que necesitaba un desahogo en medio de tanto caos y que me faltaba la necesaria concentración para leer. En cualquier caso, pensé que mejor hubiera hecho Marta no retocándose o no yendo al gimnasio o no haciendo lo que quiera que haya hecho para conseguir milagro semejante, porque si las mujeres nos acostumbráramos a ver en la tele a otras mujeres normales, de carne y hueso, de esas cuya figura se resiente tras un embarazo, estaríamos orgullosas de nuestras caderas anchas y nuestros pechos colmados en lugar de añadir otro motivo más de estrés a nuestra ya estresada vida.

Marta, por favor, por todas nosotras te lo pido:

Engorda.

Una cosa de la que nunca te advierten cuando te quedas embarazada: la incontinencia urinaria posparto. De alguna manera, al dilatarse el canal de parto, se hace imposible que puedas aguantarte. Teóricamente tienes que hacer unos ejercicios para recuperar el tono y la musculatura que a mí no me sirven de nada. Acabo de ir corriendo al cuarto de baño y no he llegado, en mitad del pasillo he sentido el agua corriendo entre las piernas y no he podido hacer nada por evitarlo, de forma que he tenido que desandar el camino e ir a la cocina a por la fregona. Como el perro está tan celoso de ti, también se desahoga por toda la casa, como si fuera un cachorro, así que este piso empieza a oler a urinario público. Me pregunto si Marta conocerá este tipo de problemas.

Перейти на страницу:

Похожие книги