Cuando volví a casa, a las tres, tu padre sacó el perro a pasear y me dejó sola en casa contigo. Y entonces, aún no sé por qué, te agarraste la primera rabieta de tu vida. No querías chupete, ni biberón, ni rorros, ni nanas, ni que te meciera, ni que te siseara, ni que te pusiera en el cuco ni que te paseara en cochecito por el pasillo, gritabas y gritabas cada vez más alto, la cara se te estaba poniendo roja como a un antiquerubín, un pequeño demonio de mes y medio, y pataleabas como si quisieras romper el aire. Yo estaba agotada y cansada, y parecía que tu llanto fuera un interruptor que hubiera activado de pronto lo peor de mí, todas mis inseguridades y mis miedos, y una voz interna me decía que no servía para madre y que no servía para nada, ni siquiera para algo tan simple como ocuparme de un bebé, y antes de que me diera cuenta me encontré zarandeándote. Las palabras del libro se me aparecieron de pronto, en letra negra impresa como si tuviera una pantalla blanca frente a mí: «Nunca sacuda al bebé, ni cuando se enoje ni cuando juegue. Sacudir a un bebé puede lesionarle el cerebro o causarle la muerte.» Entonces recuperé de pronto la cordura, te dejé en el cuco, todavía berreando, y me fui a otra habitación. Jamás me había apetecido tanto una copa.
Había leído en algún libro que si en cualquier momento me encontraba desbordada y fantaseando con maltratarte, debía llamar inmediatamente a una línea de ayuda.
Como creo recordar que el libro era yanqui, pues nunca he oído de líneas de ayuda para madres desbordadas en España, agarré un cojín del salón y lo aporreé con todas mis fuerzas hasta que me quedé exhausta. Al llegar a casa tu padre nos encontró a las dos hechas un mar de lágrimas.
No había pasado tanto miedo desde que vi
En cuanto regresé a Madrid desde NY mi vida se convirtió en un frenético teclear de
Así que a finales de junio lo tenía todo dispuesto y había hecho gala de una organización y una eficiencia dignas de mi hermano Vicente. Y de pronto, como si alguien me hubiera echado un mal de ojo, todo el presuntamente organizado plan se desbarató en cuestión de días.