– De acuerdo, pues hagamos una cosa. Voy a tirar tres cartas. Si me dan una respuesta clarísima, entonces haz caso al Tarot. Y si no, no te digo nada, porque yo nunca he hecho algo parecido a tirar las cartas por teléfono.
– Pues Rappel lo hace.
– Él no lo hace, lo hace su equipo, y no me digas que te crees esas cosas…
– Vale, pues tira tres cartas a ver qué pasa.
– Espera, que voy a por la baraja… A ver, que ya he vuelto. Estoy barajando. Ahora concéntrate en lo que quieres saber y trata de proyectar esa energía sobre las cartas.
– Vale.
– Perfecto. Pues tiro.
Se sucedieron unos segundos que cayeron como bombas de silencio en el zumbido de la línea.
– Eva, no me lo puedo creer.
– ¿El qué?
– Tres arcanos mayores… Esto es casi imposible, de verdad. Casi nunca salen tres arcanos mayores seguidos. A mí nunca me había pasado.
– Ah… ¿Y son buenos o malos?
– La Rueda de la Fortuna, Los Enamorados y La Emperatriz… Y los tres de pie… Eva, sin ninguna duda tienes que hacer ese viaje.
– ¿Sin ninguna duda?
– Sin ninguna duda.
Sin embargo, no fue la tirada de cartas la que me convenció: no es que yo sea una cobarde y una escéptica, y no es que sea tampoco una experta en estadística, pero si en la baraja del Tarot hay 78 naipes y de entre ellos 22 son arcanos mayores, las posibilidades de que en una tirada salgan tres seguidos no son tan remotas como el periodista quería creer.
Pero justo a la mañana siguiente recibí una llamada de Nenuca.