El sueño era el siguiente: Mirta y yo caminábamos cogidas de la mano por un campo de amapolas. A nuestro alrededor zumbaban millones de abejas recogiendo polen entre las flores, pero a nosotras no nos asustaban pues sabíamos que nunca nos picarían. Por todas partes, el paisaje circundante ofrecía a la vista hermosos árboles frutales cargados con sus apetitosos manjares: melocotones, mangos, papayas, peras… Todos maduros y jugosos. En un momento dado, yo me detenía a comer un albaricoque y el jugo me caía por la boca. Cuando lo acabé enterré el hueso en la tierra y en ese momento empezó a caer un aguacero de verano, una lluvia fina que más que mojar refrescaba. Entonces Mirta me cedió el abrigo que llevaba puesto, que era azul, yo me lo puse y le dije algo así como «Muchas gracias, Mirta, necesitaba un abrigo para mi viaje». Y allí nos separábamos, bajo el árbol, y yo seguía camino hacia la línea del horizonte.
Mirta había insistido a Nenuca en que me hiciera notar que la letra «A» se repetía constantemente a lo largo del sueño: amapolas, abejas, árboles, albaricoque, aguacero, abrigo azul…
– ¿Este sueño tiene algún sentido para ti? -me preguntó Nenuca.
– Mucho. Díselo a Mirta. Y dile también que le agradezco mucho que te haya insistido para que me lo cuentes.
¿«A»? Avión, América y Anton.
Así que le escribí un
4 de noviembre.
Pesas 5 kg, 750 g. O sea, casi seis kilos. Imposible siquiera plantearse lo de escribir contigo en brazos. Así que te aguantas. Y deja de llorar.
5 de noviembre.
Gracias sean dadas desde estas páginas a Sonia, «
que me regaló la hamaca para bebés en la que estás durmiendo ahora. Así puedo balancearte con el pie mientras escribo. Entre eso y las sonatas de Bach, pareces bastante calmadita.
Ayer alquilé el vídeo de
Jimmy: Vale, vale, dime cuál es el problema.
Louise se queda mirándole un momento.
Louise: Jimmy, ahora no puedo decírtelo. Algún día lo entenderás, pero ahora no puedo decírtelo, así que mejor no preguntes.
Jimmy alucina al ver lo seria que se ha puesto Louise.
Jimmy:
Louise: Quizá.
Jimmy: ¿Tiene que ver con otro? ¿Estás enamorada de otro?
Louise: No, no es nada de eso.
Jimmy explota y se dedica a arrojar objetos por la habitación en un ataque de furia.
Jimmy:
Louise: ¡Para! ¡Para ahora mismo o me marcho! Lo digo en serio.
Jimmy:
Jimmy recupera la compostura.
Jimmy: ¿Puedo preguntarte otra cosa?
Louise: Quizá.
Jimmy se saca una cajita del bolsillo.
Jimmy: ¿Quieres ponerte esto?
Jimmy: ¿No te lo vas a probar?
Louise: Jimmy… ¡Es precioso!
Jimmy: No te lo esperabas, ¿verdad?