No sé si será éste un rasgo común a toda la humanidad, pero sí puedo afirmar que lo es de nuestro pueblo. Un rasgo desagradable. Puede que hijo de la bondad, mas desagradable de todos modos. Nos convierte en presa de los embusteros.
De este modo, cuando conviene que olvidemos hasta los procesos judiciales públicos, nosotros dejamos de recordarlos. Esos juicios se habían celebrado sin reservas y de ellos habló la prensa, pero como no nos cincelaron los sesos con ellos, ahora no los recordamos. (Para que algo nos quede grabado en el cerebro hay que darlo cada día por la radio.) No hablo de la juventud, que, como es natural, no lo sabe. Me refiero a los contemporáneos de dichos procesos. Basta con pedirle a cualquier hombre en la calle que enumere los juicios públicos que levantaron más expectación y recordará el de Bu-jarin y el de Zinóviev. Y después de fruncir el ceño, quizás el del Partido Industrial. Y eso es todo, no hubo más juicios públicos.
¿Qué vamos a decir entonces de los que no fueron públicos? ¡Cuántos tribunales funcionaban ya a pleno rendimiento en 1918! Y eso que todavía no había leyes ni códigos: la única referencia de los jueces eran las necesidades del régimen obrero-campesino. ¿Habrá alguna vez quizá quien escriba su historia detallada?
Entretanto, no podemos prescindir de un breve resumen, aunque para ello debamos buscar a tientas entre las ruinas calcinadas, ocultas en la niebla de esa alba, tierna y rosácea.
En aquellos años febriles los sables de la guerra no se oxidaban en las vainas, como tampoco se enfriaron en sus fundas las pistolas de la represión. Lo de disimular los fusilamientos utilizando la noche y los sótanos, lo de los tiros en la nuca son inventos posteriores: en 1918, el conocido chekista de Riazán, Stelmaj, fusilaba en pleno día, en el patio, y lo hacía de manera que desde las ventanas de la prisión pudieran observarlo los que esperaban la muerte.
Había por aquel entonces un término oficial:
Trotski incubó con su aliento a ese polluelo cuando no tenía aún el pico firme: «La intimidación constituye un poderoso instrumento político, y el que diga no comprenderlo es que se las da de santurrón». También Zinóviev, ajeno al fin que le aguardaba, decía entusiasmado: «GPU y VChK son las siglas más populares a escala mundial».
Era extrajudicial porque así resultaba más eficaz. Pues claro que había tribunales que juzgaban y condenaban a muerte, pero no debemos olvidar que además, paralela e independientemente de ellos, discurría por sus propios derroteros la represión extrajudicial. ¿Cómo hacernos una idea de su envergadura? En su popular exposición divulgativa sobre las actividades de la Cheká, M. Latsis nos da unas cifras
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7referidas solamente a año y medio (1918 y la primera mitad de 1919) y que abarcan tan sólo veinte gubernias de la Rusia central («las cifras que presentamos aquí