Pero que esto no nos inquiete: la diferencia entre los tribunales populares y los revolucionarios no era tan grande. Más tarde, en 1919, cuando aparecieron los fundamentos del Derecho penal de la RSFSR, las características de ambos tipos de tribunal llegarían casi a coincidir: las penas impuestas por unos y otros no conocían límites, porque ambos debían poder trabajar con las manos absolutamente libres. La Ley no tipificaba sanciones penales de ninguna clase y los tribunales tenían plena libertad para elegir las medidas represivas, al tiempo que derecho ilimitado para aplicarlas (la privación de libertad podía ser indefinida, es decir, hasta que se dispusiera expresamente lo contrario). Lo mismo que el tribunal revolucionario, el popular tenía por única guía su sentido de la legalidad revolucionaria y su conciencia revolucionaria. Las sentencias eran inapelables en ambos casos y no procedía interposición de recurso ante ninguna instancia. La actividad de los tribunales populares y revolucionarios no estaba sujeta a ninguna obligación de forma; su único criterio de apreciación era el grado de perjuicio ocasionado por los actos del acusado a la causa de la lucha revolucionaria. La sentencia se dictaba obedeciendo a los intereses de la defensa del régimen proletario y de la edificación socialista. (En un principio, los tribunales revolucionarios disponían de vocales nombrados por los soviets locales, pero luego adoptaron una forma más definida como troikas permanentes, en las que uno de los jueces procedía de la Cheká de esa gubernia. De este modo se conseguía una simbiosis, en todos los niveles, entre los tribunales revolucionarios y la Cheká.)

El 4 de mayo de 1918 se publicó el decreto de creación del Tribunal Revolucionario Supremo, adjunto al VTsIK, y ya se creían que aquello era el colmo de la ciencia tribunalística. ¡Pero cuánto les faltaba aún!

Resultó necesario crear aún un sistema unificado, para todo el país, de Tribunales Revolucionarios de Ferrocarriles,para asegurar el funcionamiento de las vías férreas.

Y más tarde, un sistema unificado de Tribunales Revolucionarios de las Tropas de Seguridad Interior (VOJR).

En 1918 todos estos sistemas ya estaban actuando al unísono e impedían que en todo el territorio de la RSFSR pudiera haber refugio para el crimen y los actos hostiles a la lucha revolucionaria de las masas. Sin embargo, el penetrante ojo del camarada Trotski descubrió imperfecciones a pesar de toda esta plenitud, y el 14 de noviembre de 1918 firmó un decreto para que se formara otro nuevo escalafón: los Tribunales Militares Revolucionarios.

Completamente absorbido por las preocupaciones del Consejo Militar Revolucionario de la RSFSR y la necesidad de defender la república de sus enemigos exteriores, nuestro procer e inspirador no acompañó este proyecto de un plan mas detallado, pero en cambio sí tuvo un acierto excepcional al elegir como presidente del Tribunal Militar Revolucionario Central de la república al camarada Danishevski. Éste no solamente creó y desarrolló con brillantez todo un sistema de tribunales, completamente nuevos, sino que incluso sentó el fundamento teórico de los mismos en forma de folleto, [180] 9del cual ha llegado a nuestras manos un ejemplar conservado por milagro. Cierto que el librito lleva el sello de «confidencial», pero en vista de los muchos años transcurridos puede perdonárseme que divulgue aquí algunos de los datos que contiene (todo lo dicho anteriormente acerca de los tribunales también se ha extraído de ahí).

Inmediatamente después de la Revolución de Octubre, según se desprendía de sus consignas y como ya era práctica en el Ejército desde la Revolución de Febrero, se daba por sentado que en los regimientos y las divisiones del nuevo Ejército Rojo seguirían funcionando unos tribunales electos. Pero no hubo tiempo para deleitarse con una institución tan democrática, porque bien pronto los suprimieron. Además, por todas partes ya habían surgido de forma espontánea los consejos de guerra y las troikas, toda vez que en el frente también funcionaban (fusilaban) los órganos de la Vecheká,* que iban completamente por su cuenta, lo mismo que los órganos del contraespionaje, precursores de las Secciones Especiales. En estos meses de vesania en la república, cuando el camarada Trotski decía en el VTsIK: «Nosotros, los hijos de la clase trabajadora, hemos hecho un pacto con la muerte, y por tanto con la victoria», era preciso obligar a todos y a cada uno a que se atuvieran a la disciplina y cumplieran con su deber.

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