Mario Vargas Llosa
El sueсo del celta
JOSЙ ENRIQUE RODУ
El Congo
I
Cuando abrieron la puerta de la celda, con el chorro de luz y un golpe de viento entrу tambiйn el ruido de la calle que los muros de piedra apagaban y Roger se despertу, asustado. Pestaсeando, confuso todavнa, luchando por serenarse, divisу, recostada en el vano de la puerta, la silueta del
—Visita —murmurу el
Se puso de pie, frotбndose los brazos. їCuбnto habнa dormido? Uno de los suplicios de Pentonville Prison era no saber la hora. En la cбrcel de Brixton y en la Torre de Londres escuchaba las campanadas que marcaban las medias horas y las horas; aquн, las espesas paredes no dejaban llegar al interior de la prisiуn el revuelo de las campanas de las iglesias de Caledonian Road ni el bullicio del mercado de Islington y los guardias apostados en la puerta cumplнan estrictamente la orden de no dirigirle la palabra. El
Al entrar al estrecho locutorio de las visitas, se afligiу. Quien lo esperaba allн no era su abogado,
El joven le echу una mirada frнa. En sus pupilas habнa enojo y asco. їQuй le ocurrнa a este imbйcil? «Me mira como si yo fuera una alimaсa», pensу Roger.
—їAlguna novedad?
El joven negу con la cabeza. Tomу aire antes de hablar:
—Sobre el pedido de indulto, todavнa —murmurу, con sequedad, haciendo una mueca que lo desencajaba aъn mбs—. Hay que esperar que se reъna el Consejo de Ministros.
A Roger le molestaba la presencia del
—Pero, teniendo en cuenta los ъltimos acontecimientos —aсadiу el joven rubio, pestaсeando por primera vez y abriendo y cerrando la boca con exageraciуn—, todo se ha vuelto ahora mбs difнcil.
—A Pentonville Prison no llegan las noticias de afuera. їQuй ha ocurrido?
їY si el Almirantazgo alemбn se habнa decidido por fin a atacar a Gran Bretaсa desde las costas de Irlanda? їY si la soсada invasiуn tenнa lugar y los caсones del Kбiser vengaban en estos mismos momentos a los patriotas irlandeses fusilados por los ingleses en el Alzamiento de Semana Santa? Si la guerra habнa tomado ese rumbo, sus planes se realizaban, pese a todo.
—Ahora se ha vuelto difнcil, acaso imposible, tener йxito —repitiу el pasante. Estaba pбlido, contenнa su indignaciуn y Roger adivinaba bajo la piel blancuzca de su tez su calavera. Presintiу que, a sus espaldas, el sheriff sonreнa.
—їDe quй habla usted? El seсor Gavan Duffy estaba optimista respecto a la peticiуn. їQuй ha sucedido para que cambiara de opiniуn?
—Sus diarios —silabeу el joven, con otra mueca de disgusto. Habнa bajado la voz y a Roger le costaba trabajo escucharlo—. Los descubriу Scotland Yard, en su casa de Ebury Street.
Hizo una larga pausa, esperando que Roger dijera algo. Pero como йste habнa enmudecido, dio rienda suelta a su indignaciуn y torciу la boca: