Nunca cesу ni probablemente cesarб la controversia sobre los llamados Black Diaries. їExistieron de verdad y Roger Casement los escribiу de puсo y letra, con todas sus obscenidades pestilentes, o fueron falsificados por los ser vicios secretos britбnicos para ejecutar tambiйn moral y polнticamente a su antiguo diplomбtico, a fin de hacer un escarmiento ejemplar y disuadir a potenciales traidores? Durante decenas de aсos el Gobierno inglйs se negу a auto rizar que historiadores y grafуlogos independientes examinaran los diarios, declarбndolos secreto de Estado, lo cual dio pбbulo a sospechas y argumentos a favor de la falsificaciуn. Cuando, hace relativamente pocos aсos, se levantу el secreto y los investigadores pudieron examinarlos y someter los textos a pruebas cientнficas, la controversia no cesу. Probablemente se prolongarб mucho tiempo. Lo que no estб mal. No estб mal que ronde siempre un clima de incertidumbre en torno a Roger Casement, como prueba de que es imposible llegar a conocer de manera definitiva a un ser humano, totalidad que se escurre siempre de todas las redes teуricas y racionales que tratan de capturarla. Mi propia impresiуn —la de un novelista, claro estб— es que Roger Casement escribiу los famosos diarios pero no los viviу, no por lo menos integralmente, que hay en ellos mucho de exageraciуn y ficciуn, que escribiу ciertas cosas porque hubiera querido pero no pudo vivirlas.
En 1965, el Gobierno inglйs de Harold Wilson permitiу por fin que los huesos de Casement fueran repatriados. Llegaron a Irlanda en un aviуn militar y recibieron homenajes pъblicos el 23 de febrero de ese aсo. Estuvieron expuestos cuatro dнas en una capilla ardiente de la Garrison Church of the Saved Heart como los de un hйroe. Una concurrencia multitudinaria calculada en varios cientos de miles de personas desfilу por ella a presentarle sus respetos. Hubo un cortejo militar hacia la Pro-Catedral y se le rindieron honores militares frente al histуrico edificio de Correos, cuartel general del Alzamiento de 1916, antes de llevar su ataъd al cementerio de Glasnevin, donde fue enterrado en una maсana lluviosa y gris. Para pronunciar el discurso de homenaje, don Eamon de Valera, el primer presidente de Irlanda, combatiente destacado de la insurrecciуn de 1916 y amigo de Roger Casement, se levantу de su lecho de agonizante y dijo esas palabras emotivas con que se suele despedir a los grandes hombres.
Ni en el Congo ni en la Amazonia ha quedado rastro de quien tanto hizo por denunciar los grandes crнmenes que se cometieron en esas tierras en los tiempos del caucho. En Irlanda, esparcidos por la isla, quedan algunos recuerdos de йl. En las alturas del glen de Glenshesk, en Antrim, que desciende hacia la pequeсa ensenada de Murlough, no lejos de la casa familiar de Magherintemple, el Sinn Fein le hizo un monumento que los radicales unionistas de Irlanda del Norte destruyeron. Ahн han quedado por el suelo esparcidos los fragmentos. En Ballyheigue, Co. Kerry, en una pequeсa placita que mira al mar se yergue la escultura de Roger Casement que esculpiу el irlandйs Oisin Kelly. En el Kerry County Museum de Tralee estб la cбmara fotogrбfica que Roger llevу el aсo 1911 en su viaje a la Amazonia y, si lo pide, el visitante puede ver tambiйn el abrigo de paсo tosco con que se abrigу en el submarino alemбn U-19 que lo trajo a Irlanda. Un coleccionista privado, Mr. Sean Quinlan, tiene en su casita de Ballyduff, no lejos de la desembocadura del Shannon en el Atlбntico, un bote que (lo asegura enfбticamente) es el mismo en el que desembarcaron en Banna Strand Roger, el capitбn Monteith y el sargento Bailey. En el colegio de lengua gaйlica «Roger Casement», de Tralee, el despacho del director exhibe el plato de cerбmica en el que comiу Roger Casement, en el Public Bar Seven Stars, los dнas que fue a la Corte de Apelaciones de Londres que decidiу sobre su caso. En McKenna's Fort hay un pequeсo monumento en gaйlico, inglйs y alemбn —una columna de piedra negra— donde se recuerda que allн fue capturado por la Royal Irish Constabulary el 21 de abril de 1916. Y, en Banna Strand, la playa donde llegу, se yergue un pequeсo obelisco en el que aparece la cara de Roger Casement junto a la del capitбn Robert Monteith. La maсana que fui a verlo estaba cubierto con la caca blanca de las gaviotas chillonas que revoloteaban alrededor y se veнan por doquier las violetas salvajes que tanto lo emocionaron ese amanecer en que volviу a Irlanda para ser capturado, juzgado y ahorcado.
Madrid, 19 de abril de 2010.
Reconocimientos