- Una bomba quizá, pero sin muertos, Shimon. Al menos por el momento.

Becker dijo:

- Que lea el mensaje. No permitas que te tome el pelo.

Pero Kurtz prefirió expresarse mediante circunloquios:

- Misha Gavron nos saluda y nos manda tres mensajes más. Primer mensaje: ciertas instalaciones del Líbano serán bombardeadas mañana, pero quienes lleven a cabo la misión tendrán buen cuidado de no atacar nuestras casas. -Kurtz prescindió de los papeles y dijo-: Segundo mensaje: este mensaje es una orden armónica en su contenido y agudeza a la orden que recibimos anoche a primera hora. Tenemos que prescindir del valeroso doctor Alexis a partir de ayer. No más contactos con él. Misha Gavron pasó el expediente del doctor Alexis a ciertos sabios psicólogos que han dictaminado que Alexis está más loco que una cabra.

Una vez más, Litvak comenzó a protestar. Quizá el gran cansancio provocaba en él esa clase de reacciones. Kurtz, que aún sonreía dulcemente, le dirigió unas dulces palabras que le hicieron bajar de las nubes:

- Cálmate, Shimon. Nuestro valiente jefe se está portando un poco, aunque sólo un poco, como un político, y esto es todo. Si Alexis se pasa al otro bando y se produce un escándalo que afecte a nuestras relaciones con un aliado dolorosamente necesario, Marty Kurtz, aquí presente, será quien pagará el pato. Si Alexis se mantiene fiel a nosotros, mantiene la boca cerrada y hace lo que le digamos, Misha Gavron se llevará la gloria. Ya sabéis cómo me trata Misha Gavron. Soy su judío.

Becker preguntó:

- ¿Y el tercer mensaje?

- Nuestro jefe nos recuerda que tenemos muy poco tiempo a nuestra disposición. Dice que ya tiene a los lobos en la puerta de su casa. Como es natural, se trata de nuestra casa, antes que la suya.

Siguiendo el consejo de Kurtz, Litvak se fue a hacer las maletas. Después de haberse quedado a solas con Becker, Kurtz emitió un agradecido suspiro de alivio, y, con modales mucho más tranquilos, se acercó a la cama de campaña y cogió un pasaporte francés, lo abrió y estudió sus datos, grabándoselos en la memoria. Mientras leía, Kurtz observó:

- Eres quien nos proporciona el éxito, Gadi. Si se produce alguna laguna, si tiene, necesidades especiales, dínoslo. ¿Oyes? Si, Becker le había oído. Kurtz dijo:

- Las chicas me han dicho que hacíais una buena pareja, los dos en la Acrópolis. Me han dicho que parecíais un par de estrellas de cine.

- Dales las gracias en mi nombre.

Después de coger un viejo y pelado cepillo para el pelo, Kurtz se puso ante el espejo y comenzó a peinarse. En tono reflexivo, sin parar de cepillarse el pelo, Kurtz observó:

- En un caso así, con la intervención de una muchacha, habiendo un concepto de por medio, siempre confío en la discreción del que lleva el caso. A veces es aconsejable mantener cierta distancia, y otras veces…

Becker dijo:

- Este es un caso de distancia.

Se abrió la puerta, y apareció Litvak, vestido para ir a la ciudad, con una cartera en la mano, y, solicitando la compañía de su jefe, dijo:

- Estamos llegando tarde.

Litvak dirigió una poco amistosa mirada a Becker.

Y a pesar de todo, Charlie, a pesar de que la habían manipulado, no se sentía coaccionada, al menos no se sentía coaccionada por los modales de Kurtz. Este siempre se esforzó, desde el principio, en que así fuera. Kurtz dejó bien sentado que su plan exigía una duradera base de carácter moral. Cierto es que en las primeras etapas del plan hubo ciertos fantasiosos proyectos de ejercer presión, de dominio, de dominio sexual ejercido por un Apolo menos escrupuloso que Becker, de situar a Charlie en circunstancias duras durante unas cuantas noches, antes de ofrecerle su amistad. Los sabios psicólogos de Gavron, después de haber leído el historial de Charlie, hicieron todo género de vacías propuestas, incluyendo algunas que eran un tanto brutales. Pero la experta mentalidad operacional de Kurtz ganó la batalla contra el siempre en crecimiento ejército de expertos de Jerusalén. Kurtz había alegado que los voluntarios luchan con más empeño y durante más tiempo. Los voluntarios encuentran su propia manera de convencerse a sí mismos. Y, además, si uno pretende pedir en matrimonio a una chica, es aconsejable no violarla antes.

Otros, entre los que se contaba Litvak, habían propuesto en altisonantes términos que era preciso encontrar a una chica israelí que tuviera los antecedentes de Charlie. Litvak era visceralmente opuesto, juntamente con otros, a que se utilizara a una muchacha gentil, principalmente si la muchacha era nada menos que inglesa. Kurtz se había mostrado opuesto a esta tesis, con igual vehemencia. Le gustaba la naturalidad de Charlie, y quería el original, no una imitación. Las tendencias ideológicas de Charlie no le molestaban en absoluto. Kurtz dijo que cuanto más cerca de ahogarse estuviera Charlie, más contenta estaría de subir a bordo.

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