- ¡El pasaporte, por favor! Anda, cruza mi frontera. Tú fuiste quien encontró el pasaporte de Al, pues bien, ahora quiero ver el tuyo. Fecha de nacimiento, color de los ojos, nacionalidad… ¡Dámelo!

Primero, Joseph miró los dedos extendidos de Charlie, dedos que, en aquella postura, tenían una fea expresión de intromisión. Luego, Joseph levantó la vista a la congestionada cara de Charlie, como si quisiera saber a ciencia cierta cuáles eran sus intenciones. Por fin, Joseph sonrió, y esta sonrisa fue para Charlie como una leve y lenta danza sobre la superficie bajo la que se ocultaba un profundo secreto, una sonrisa que tentaba a Charlie con sus presunciones y sus omisiones.

- Lo siento, Charlie, pero mucho me temo que nosotros, los seres de raza mezclada, tenemos una enraizada renuencia, me atrevería a decir una renuencia histórica, a que nuestra identidad quede definida en papelitos. Tengo la seguridad de que tú, en cuanto a persona progresista, compartes mi sentimiento.

A continuación, cogió la mano de Charlie, le cerró cuidadosamente los dedos con la otra mano, y la devolvió al lado de Charlie.

La semana siguiente, Charlie y Joseph comenzaron su viaje por Grecia. Lo mismo que otras propuestas felices jamás fue estrictamente formulada. Anteriormente, Charlie se había apartado totalmente de su grupo, y se dedicaba a ir a la ciudad a primera hora de la mañana, cuando aún no hacía calor, y matar el día en dos o tres tabernas, entregada a tomar café y a aprenderse de memoria sus parlamentos en Como gustéis, que aquel otoño iba a representar en el oeste de Inglaterra. Un día tuvo la impresión de que la estaban observando, alzó la vista y vio a Joseph en la otra parte de la calle, saliendo de la pensión en que Charlie había descubierto que vivía: Richthoven, Peter, habitación 18, solo. Más tarde, Charlie se dijo a sí misma que fue por pura y simple coincidencia el que ella se sentara en aquella taberna, precisamente en la hora en que Joseph solía salir de la pensión para ir a la playa. Joseph, al ver a Charlie, se acercó a ella y se sentó a su lado. Charlie le dijo:

- Vete.

Sonriendo, Joseph pidió un café, y confesó:

- Mucho me temo que de vez en cuando tus amigos resultan un tanto pesados. Y uno siente deseos de buscar el anonimato de las calles.

Charlie repuso:

- Pues sí, es verdad.

Joseph miró qué era lo que Charlie leía. Y, sin que Charlie se diera cuenta, se metieron los dos a comentar el papel de Rosalind, casi escena por escena. Aun cuando Joseph fue quien habló casi única y exclusivamente:

- Rosalind tiene una multitud de personalidades fundidas en una sola persona. Al observar cómo este personaje se va desarrollando a través de la obra, se tiene la impresión de que es una persona ocupada por un regimiento de personalidades contradictorias. Es buena, es prudente, en cierta medida algo le falta, ve demasiado, e incluso tiene cierto sentido del deber social. Me atrevería a decir que es un papel que te sienta muy bien, Charlie.

Charlie no pudo contenerse. Mirando derechamente a los ojos de Joseph, y sin tomarse la molestia de sonreír, Charlie le preguntó:

- ¿Has estado alguna vez en Nottingham, Joseph?

- ¿Nottingham? Me temo que no. ¿Hubiera debido ir? ¿Es Nottingham un lugar de especial interés? ¿Por qué me lo preguntas? Charlie sentía que le picaban los labios. Dijo:

- Es que el mes pasado estuve actuando allí. Y tenía esperanzas de que me hubieras

visto.

- Me parece interesantísimo. ¿Y en qué representación hubiera debido verte? ¿Cuál era la

obra?

- Santa Juana. La Santa Juana de Shaw. Yo era Juana.

- Esta es una de mis obras favoritas. No pasa siquiera un año sin que vuelva a leer la introducción de esta Juana de Arco. ¿Volverás a representarla? Me gustaría tener la oportunidad de verte. Con los ojos todavía fijos en los de Joseph, Charlie dijo: -También la representamos en York.

- ¿De veras? Representasteis esta obra durante una gira. Me parece estupendo.

- Sí, estupendo. ¿Has estado en York, en el curso de tus viajes?

- No, lo más al norte que he estado ha sido Hampstead, Londres. Pero me han dicho que York es muy bonito.

- Es formidable. Principalmente el Minster.

Charlie miró fijamente a Joseph cuanto tiempo osó, siguió mirando aquella cara en la primera fila de platea. Charlie buscó en los ojos oscuros, en la tersa piel que los rodeaba para descubrir el más leve estremecimiento de culpabilidad o de risa, sin que nada le delatara.

«Es amnésico -concluyó Charlie-. ¿Y yo qué soy? ¡Oh Dios!»

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