- Ned, estamos convencidos de que su Charlie es una actriz muy ingeniosa, de gran ductilidad, apta para abarcar un amplio repertorio. Si puede usted aclararnos un par de puntos dudosos, estimo que podemos ofrecer a Charlie la oportunidad de ocupar, en el firmamento teatral, un lugar del que ni ella ni usted se arrepentirán.

Una vez más, Ned intentó hablar, pero en esta ocasión fue Litvak quien se le adelantó:

- Estamos plenamente dispuestos a llevarnos a Charlie, señor Quilley. Si nos da un par de respuestas a un par de preguntas, Charlie entrará por la puerta grande en nuestro proyecto.

Se produjo un brusco silencio. Y lo único que Ned podía escuchar era el canto de su corazón. Oprimió los labios, y, efectuando un esfuerzo para adquirir aspecto de hombre de negocios, dio un tirón a los puños de su camisa, primero uno y luego el otro. Reafirmó en su sitio la rosa que Marjory le había puesto aquella mañana en el ojal de la chaqueta, mientras, como de costumbre, le recomendaba que no bebiera demasiado durante el almuerzo. Pero Marjory no hubiera dicho esto último, si hubiera sabido que aquellos visitantes, lejos de querer regatear el dinero de Ned, le proponían dar a su queridísima Charlie la oportunidad que tanto habían esperado. Si Marjory hubiera sabido esto, hubiera levantado todas las restricciones que solía imponer a Ned.

Kurtz y Litvak bebieron té durante el almuerzo, pero en el restaurante The Ivy se tomaban con tranquilidad estas excentricidades. En cuanto a Ned, poco esfuerzo le costó decidirse por una muy decente media botella de la carta de vinos, y también se tomó, debido a lo mucho que sus visitantes insistieron, una gran copa neblinosa del Chablis de la casa, para acompañar el salmón ahumado. Antes, en el taxi que tomaron para hurtarse a la lluvia, Ned comenzó a contar a sus visitantes la divertida historia del modo en que Charlie llegó a ser su representada. Ya en The Ivy, Ned prosiguió el relato:

- Me entusiasmé con ella totalmente y sin reservas. Lo cual jamás había hecho con anterioridad. Me comporté como un viejo insensato, a pesar de que no era tan viejo como ahora, aunque sí insensato. El espectáculo no era gran cosa. En realidad, se trataba de una anticuada revistilla, un poco arreglada para que pareciera moderna. Pero Charlie estaba maravillosa. Ternura defendida, esto es lo que me gusta en las chicas.

En realidad esta definición era del padre de Ned, quien ahora siguió:

- Tan pronto bajó el telón, me fui directamente al camerino de Charlie, si es que a aquello se le podía llamar camerino, me porté como un Pygmalion, y le propuse firmar contrato en aquel mismo instante. Al principio, Charlie no me creía. Me parece que me tomó por un viejo verde. Tuve que ir a buscar a Marjory, mi esposa, para que la convenciera.

Ofreciéndole más pan moreno y mantequilla, Kurtz le preguntó con amable interés:

- ¿Y qué ocurrió después? ¿Fue todo un camino de rosas? Con toda inocencia, Ned protestó:

- ¡No, no, qué va! Charlie era como la mayoría de las actrices de su edad. Recién salidas de la escuela de arte dramático, con los ojos brillantes de ilusión, y llenas de promesas, consiguen un par de papeles, comienzan a comprarse un piso o cualquier otra estupidez parecida, y, de repente, se quedan varadas, con una mano delante y la otra detrás. Es el momento de la penumbra, como digo yo. Algunas lo superan y otras no. ¡Salud!

Después de tomar unos sorbitos de té, Litvak dijo suavemente:

- Pero Charlie lo superó.

- Digamos que supo mantenerse en su puesto. Con mucho esfuerzo y mucho trabajo. No fue fácil, pero esto nunca es fácil. Charlie estuvo años así. Demasiados años, ciertamente.

Con sorpresa, Ned se dio cuenta de que estaba conmovido. Y, a juzgar por la expresión del rostro de sus visitantes, éstos también lo estaban. Ned dijo:

- Pero ahora ya ha salido definitivamente de este estado, ¿no es cierto? ¡Me alegro por ella! Sí, realmente, me alegro mucho.

Y he aquí que se estaba dando, en aquella entrevista, otra circunstancia extraña, tal como Ned explicó después a Marjory. O quizá dicha extraña circunstancia fue constante resultado de un mismo comportamiento. Con ello, Ned se refería al modo en que la personalidad de los dos hombres iba cambiando al paso del tiempo. Por ejemplo, cuando estuvieron todos de nuevo en el despacho de Ned, éste apenas pudo meter baza en la conversación. Pero en The Ivy le cedieron íntegramente el centro del escenario, efectuaron constantes movimientos afirmativos, y apenas dijeron palabra. Pero después… Bueno, después todo fue completamente diferente.

Con orgullo, Ned dijo:

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