- La chica tuvo una infancia terrible, desde luego. He advertido que esto les ocurre a muchas chicas. Quizá esa clase de infancia sea lo que las impulse hacia el mundo de la fantasía. A representar un papel. A ocultar sus emociones. A imitar a las personas que parecen más felices que ellas. 0 más desdichadas. O a robar parte de su personalidad, lo cual es parte esencial del arte escénico. Desdicha. Robo. Bueno, en fin, me parece que hablo demasiado. ¡A su salud!

Respetuosamente, Litvak preguntó:

- ¿En qué sentido fue terrible, señor Quilley? Me refiero a la infancia de Charlie. Terrible, sí, pero ¿cómo?

Litvak había formulado la pregunta como si fuera una persona que estuviera investigando en toda su integridad la naturaleza de lo terrible.

Haciendo caso omiso de lo que únicamente después advirtió era una creciente gravedad en los modales de Litvak, así como en la mirada de Kurtz, Ned les comunicó cuantos conocimientos había adquirido incidentalmente, durante los modestos almuerzos de confesión con que Ned obsequió de vez en cuando a Charlie en Bianchi, que era el establecimiento al que las llevaba a todas. La madre tonta, dijo Ned. El padre una especie de estafador, agente de cambio y bolsa que se hundió, y que, ahora, afortunadamente, ya había muerto, y uno de esos verosímiles embusteros que creen que Dios les puso el quinto as de la baraja en la manga. Acabó en la cárcel. Murió en ella. Espantoso.

Una vez más, Litvak intervino con suma suavidad:

- ¿Ha dicho que murió en la cárcel, señor?

- Y en la cárcel le enterraron. La madre estaba tan enfadada que ni siquiera quiso pagar el entierro.

- ¿Y esto se lo ha contado la propia Charlie?

Quilley quedó desorientado ante semejante pregunta y dijo:

- ¿Quién me lo iba a contar, si no?

Litvak preguntó:

- ¿No se lo dijo ningún colateral?

Ned, sintiendo que sus temores de que le avasallaran renacían, dijo:

- ¿Ningún que?

- Corroboración, señor. Confirmación por parte de alguien que no quedara directamente afectado. A veces, las actrices…

Pero Kurtz, con una paternal sonrisa en los labios, intervino dando un consejo a Ned:

- No haga usted caso de este muchacho, Ned. Mike es, a veces, muy suspicaz. ¿No es así, Mike?

En una voz que casi fue un suspiro, Litvak reconoció: -Sí, sí quizá.

Sólo entonces se le ocurrió a Ned preguntarles en qué ocasiones habían visto actuar a Charlie, y, con la consiguiente y agradable sorpresa, resultó que aquellos dos habían tomado muy seriamente su labor de investigación. No sólo habían conseguido recortes de todas las apariciones de menor importancia de Charlie en la televisión, sino que habían hecho una excursión hasta el horrible Nottingham, en su anterior visita, para verla interpretar Santa Juana.

Mientras los camareros retiraban los restos de lo ya comido, para presentar el pato asado, Ned exclamó:

- ¡Son ustedes realmente muy astutos, queridos amigos! Si me hubieran llamado por teléfono, yo mismo les hubiera llevado a Nottingham, y si no yo, lo hubiera hecho mi esposa, Marjory. ¿Fueron a buscarla al camerino, le ofrecieron una cena? ¿No? ¡Increíble!

Kurtz se permitió unos instantes de duda, y su voz adquirió gravedad. Lanzó una interrogativa mirada a su socio Litvak, quien a su vez le contestó con un leve movimiento afirmativo de la cabeza. Entonces, Kurtz dijo:

- Ned, si quiere usted que le diga la verdad, estimamos que hacer lo que acaba de decirnos no era adecuado, habida cuenta de las circunstancias.

Presuponiendo que se trataba de algún aspecto de la ética propia de los agentes artísticos, Ned preguntó:

- ¿Y a qué circunstancias se refiere? ¡Santo Dios, aquí no somos tan estrictos! Si alguien quiere hacer una oferta a una actriz, la hace y en paz. No necesitan nada de mí. En su día cobraré mi comisión, y esto será todo.

Entonces, tal como luego dijo a Marjory, Ned se calló debido a lo muy solemnes que se pusieron los dos. Como si acabaran de comer ostras en mal estado. Con la concha incluida.

Litvak se dio unos leves golpecitos con la servilleta en los labios, y dijo:

- ¿Me permite que le haga una pregunta, señor?

Muy intrigado, Ned repuso:

- ¡Por favor, querido amigo!

- ¿Podría decirme, por favor, qué resultados da esta chica en las entrevistas para periódicos, televisión, etcétera?

Ned dejó en la mesa el vaso de vino y dijo:

- ¿En entrevistas? Bueno, si esto le preocupa, le diré que es absolutamente natural, en las entrevistas. De primera clase. Sabe instintivamente qué es lo que los periodistas quieren, y, si le dan ocasión, les proporciona exactamente lo que quieren. Es como un camaleón. Bueno, debo reconocer que, en los últimos tiempos, está un poco enmohecida, ya que ha practicado poco. Pero ya verán cómo recupera la forma en menos que canta un gallo. No se preocupen por este aspecto de la cuestión.

Para tranquilizar a sus interlocutores, Ned tomó un largo trago de vino y exclamó:

- ¡Oh, no!

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