Con la consiguiente sorpresa de Ned, al oír estas palabras Kurtz soltó una alegre y contagiosa carcajada. Por su parte, Ned estimaba que había estado notablemente ingenioso, y que su ingenio había funcionado debidamente, pero a su juicio la reacción de Kurtz había sido excesiva. A Kurtz se le cerraron los ojillos, levantó sus anchos hombros, y en el instante siguiente las cálidas carcajadas de su risa eslava estremecían la estancia. Al mismo tiempo, arrugas de toda clase, arrugas desconcertantes, aparecieron en la cara de Kurtz. Hasta el presente momento, a juicio de Ned, Kurtz había aparentado unos cuarenta y cinco años, en el peor de los casos. Pero, de repente, Kurtz adquirió la misma edad que Ned, quedando con la frente, las mejillas y el cuello cual si fueran de papel arrugado, con arrugas que parecían trazadas a cuchillo. Esta transformación preocupó a Ned. En cierta manera se sintió engañado. Luego, en tono de queja, Ned dijo a su esposa, Marjory: «Es como un caballo de Troya humane; uno da entrada en el despacho a un enérgico vendedor de negocios teatrales, de cuarenta años de edad, y el tipo, de repente, se transforma en un mister Punch de sesenta años; es muy raro.»

Pero en esta ocasión fue Litvak quien dio la crucial y muy preparada contestación a la pregunta de Ned, la contestación de la que dependía todo lo demás. Inclinando su largo y flaco tronco sobre sus propias rodillas, Litvak abrió la mano derecha, separó los dedos, se cogió el dedo medio y se dirigió a él, hablando con acento de Boston, arrastrando las palabras, acento que era el resultado de diligentes estudios a los pies de profesores judíos. Con un acento tan devoto que parecía estuviera revelando un místico secreto, Litvak dijo:

- Señor Quilley, lo que nos ha traído aquí es un proyecto totalmente nuevo y original. Sin precedentes y sin posibles imitadores. Compramos dieciséis horas del mejor tiempo de la televisión, en otoño e invierno, por ejemplo. Formamos una compañía teatral itinerante. Un grupo de actores de gran talento artístico, ingleses y norteamericanos, que representan una amplia gama de razas, de personalidades y de interacción personal. Esta compañía irá de ciudad en ciudad, cada actor interpretará diferentes papeles, en ocasiones interpretará primeros papeles y en otras interpretará papeles secundarios. El relato humano de su vida verdadera y de sus relaciones humanas proporcionará una amable dimensión, que contribuirá a atraer al público. Se darán representaciones en directo, en todas las ciudades.

Litvak levantó la vista cautelosamente, cual si creyera que Quilley había hablado. Pero éste había guardado enfático silencio. Bajando la voz hasta el punto de hacerla casi inaudible, a medida que su fervor aumentaba, Litvak volvió a hablar:

- Señor Quilley, nosotros viajaremos con esta compañía, compartiremos los vehículos en que se traslade, la ayudaremos a transportar los decorados… Nosotros, el público, compartiremos los problemas de la compañía, sus asquerosos hoteles, nos preocuparemos por sus amores y por sus peleas. Nosotros, el público, ensayaremos juntamente con los actores, compartiremos los nervios de las primeras representaciones, leeremos las críticas periodísticas del día siguiente, nos alegraremos con sus éxitos, nos entristeceremos con sus fracasos, escribiremos cartas a sus familiares. Devolveremos al teatro su carácter de aventura. El espíritu primario del teatro, la interrelación entre actores y público.

Por unos instantes, Quilley pensó que Litvak había terminado. Pero, en realidad, Litvak se limitaba a seleccionar otro de sus dedos al que hablar. Litvak prosiguió:

- Seleccionaremos obras clásicas, todas ellas de derecho público, con lo que rebajaremos los costes. Nos serviremos de actores y actrices nuevos, relativamente desconocidos, aun cuando tendremos de vez en cuando, para animar un poco la cosa, a un actor invitado. Pero básicamente nos dedicaremos a promover actrices y actores prometedores, invitándolos a demostrar la gama completa de su talento durante un período mínimo de cuatro meses, que esperamos podamos ampliar. Sí, y reampliar. Veremos si es bueno para los actores el que gocen de amplia publicidad, de constante exhibición pública, interpretando buenas obras, obras limpias y sin guarradas. Este es nuestro concepto, señor Quilley. Y parece que este concepto gusta a nuestros clientes.

Entonces, incluso antes de que Quilley hubiera tenido tiempo para felicitar a sus visitantes, lo cual siempre le gustaba hacer, cuando alguien le explicaba una idea, Kurtz volvió a entrar impetuosamente en acción. Dijo:

- Ned, queremos contratar a su Charlie.

Lo dijo con una ancha y feliz sonrisa, con el entusiasmo de un mensajero shakesperiano al dar la noticia de una victoria. Kurtz había levantado el brazo y lo dejó en lo alto.

Muy excitado, Ned se dispuso a hablar. Pero una vez más tuvo que desistir porque Kurtz le volvía a someter a un chaparrón de palabras:

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