– Oh, coronel Cox, es maravilloso oír su voz -exclamó con alegría-. No se imagina lo contentos que estamos los ratones de campo de recibir llamadas del exterior. ¿Qué tal va la vida fuera de la Cúpula?
– La vida en general seguramente va bien -respondió-. Aunque en el lugar en el que yo me encuentro no tanto. ¿Sabe lo de los misiles?
– Vi cómo impactaban. Y rebotaban. Han provocado un bonito incendio en su lado…
– No es mi…
– … y uno más modesto en el nuestro.
– Llamaba porque quiero hablar con el coronel Barbara -dijo Cox-. Que a estas alturas debería llevar encima su maldito teléfono.
– ¡Tiene usted toda la maldita razón! -exclamó con voz alegre-. ¡Y la gente que está en el maldito infierno debería tener un maldito vaso de agua con hielo! -Se detuvo frente a Gasolina & Alimentación Mills; estaba cerrado. El cartel escrito a mano de la ventana decía:
HORARIO DE MAÑANA: 11-14 H.
– Señorita Shumway…
– Hablaremos sobre el coronel Barbara dentro de un instante -dijo Julia-. En este momento quiero hablar de dos cosas. En primer lugar, ¿cuándo permitirán que la
Esperaba que el coronel respondiera que no opinaba lo mismo, que no verían al
– Seguramente el viernes, si ninguna de las cartas que tenemos en la manga funciona. ¿Cuál es la otra cosa que quiere saber, señorita Shumway? Sea breve, no soy un oficial de prensa. Esa es otra escala salarial.
– Ha sido usted quien me ha llamado, así que tendría que aguantarme. Aguante, coronel.
– Señorita Shumway, con el debido respeto, el suyo no es el único teléfono móvil de Chester's Mills al que puedo llamar.
– No me cabe la menor duda, pero no creo que Barbie quiera hablar con usted si me hace enfadar. No está muy contento con su nuevo cargo de futuro comandante de prisión militar.
Cox suspiró.
– ¿Qué desea saber?
– Quiero saber la temperatura en el lado sur o este de la Cúpula. La temperatura real, o sea, lejos del incendio que han provocado.
– ¿Por qué…?
– ¿Tiene la información o no? Porque yo creo que sí, o que puede obtenerla. Creo que en este instante está sentado frente a la pantalla de un ordenador, y que tiene acceso a todo, incluso a la talla de mi ropa interior, probablemente. -Hizo una pausa-. Y como diga XL, esta llamada se ha acabado.
– ¿Está haciendo gala de su sentido del humor, señorita Shumway, o siempre se comporta así?
– Estoy cansada y asustada. Lo puede atribuir a eso.
Cox permaneció en silencio unos instantes. A Julia le pareció oír que tecleaba algo en el ordenador. Entonces dijo:
– La temperatura en Castle Rock es de ocho grados. ¿Le sirve?
– Sí. -La diferencia no era tan grande
El coronel no respondió a la pregunta, pero lo que dijo hizo que Julia se olvidara de la cuestión.
– Vamos a intentar otra cosa. Alrededor de las nueve de esta noche. Es lo que quería decirle a Barbie.
– Esperemos que el plan B funcione mejor que el plan A. En este momento, creo que la persona designada por el presidente está alimentando a la multitud en el Sweetbriar Rose. Pollo al estilo del rey, según dice el rumor. -Vio las luces de la calle y le sonaron las tripas.
– ¿Puede escucharme y transmitirle un mensaje? -Y oyó lo que el coronel no añadió: «Bruja buscabroncas».
– Me encantaría -respondió. Con una sonrisa. Porque era una bruja buscabroncas cuando tenía que serlo.
– Vamos a probar un ácido que aún está en fase experimental. Un compuesto fluorhídrico sintético. Nueve veces más corrosivo que el normal.
– Que bien vivimos gracias a la química.
– Me han dicho que, en teoría, podría abrir un agujero de tres mil metros de profundidad en un lecho de roca.
– Trabaja para una gente muy divertida, coronel.
– Lo intentaremos en el cruce de Motton Road… -se oyó un crujido de papeles- con Harlow. En principio estaré ahí.
– Entonces le diré a Barbie que le pida a otro que friegue los platos.
– ¿También nos honrará con su compañía, señorita Shumway?
Abrió la boca para decir «No me lo perdería», cuando se oyó un estruendo en la calle, un poco más arriba.
– ¿Qué está pasando? -preguntó Cox.
Julia no contestó. Colgó el teléfono, se lo guardó en el bolsillo y echó a correr hacia el lugar de donde provenían los gritos. Y algo más. Algo que sonaba como un gruñido.
El disparo se produjo cuando aún estaba a media manzana.
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