Brenda metió los documentos de VADER en un sobre manila. En la parte de delante escribió el nombre de Julia. Dejó el sobre en la mesa de la cocina, después fue al estudio de Howie y guardó su portátil en la caja fuerte. Era pequeña y tuvo que poner el Mac de lado, pero al final consiguió que cupiera. Terminó dándole a la rueda de combinaciones no solo una sino dos vueltas, como siguiendo las instrucciones de su difunto marido. Al hacerlo, se fue la luz. Por un momento, una parte primitiva de ella creyó que la había hecho saltar dando esa vuelta de más a la rueda.
Después se dio cuenta de que el generador de la parte de atrás se había parado.
6
Cuando llegó Junior a las seis y cinco minutos de la mañana del martes, con sus pálidas mejillas sin afeitar y el pelo alborotado como gavillas de paja, Big Jim estaba sentado a la mesa de la cocina con un albornoz blanco más o menos del tamaño de la vela mayor de un clíper. Estaba bebiendo una Coca-Cola.
Junior la señaló con un gesto de la cabeza.
– Un buen día empieza con un buen desayuno.
Big Jim levantó la lata, dio un trago y la volvió a bajar.
– No hay café. Bueno, sí que hay, pero no hay electricidad. Al generador se le ha acabado el propano líquido. ¿Por qué no te sacas un refresco? Todavía están bastante fríos, y tienes pinta de necesitar uno.
Junior abrió la nevera y escudriñó su oscuro interior.
– ¿Se supone que tengo que creer que no puedes conseguir una bombona de gas cuando te dé la gana?
Big Jim se sobresaltó un poco al oír eso, luego se relajó. Era una pregunta razonable, y no significaba que Junior supiera algo.
– Digamos simplemente que en este preciso momento no sería prudente.
– Ajá.
Junior cerró la puerta de la nevera y se sentó al otro lado de la mesa. Miró a su viejo con falso regocijo (que Big Jim tomó por afecto).
– Prudente -dijo.
Big Jim asintió y estudió a su hijo, que estaba complementando su bebida matutina con una barrita de cecina Big Jerk.
No preguntó «¿Dónde has estado?». No preguntó «¿Qué te pasa?», aunque era evidente, en la despiadada luz de primera hora de la mañana que inundaba la cocina, que algo le pasaba. Sin embargo, sí tenía una pregunta.
– Hay cadáveres. En plural. ¿Es así?
– Sí. -Junior dio un buen mordisco a la cecina y la hizo pasar con Coca-Cola. La cocina estaba extrañamente silenciosa sin el rumor de la nevera ni el borboteo de la Mr. Coffee.
– Y todos esos cadáveres ¿se pueden dejar en la puerta del señor Barbara?
– Sí. Todos. -Otro bocado. Otra vez tragó. Junior lo miraba fijamente, frotándose la sien izquierda al hacerlo.
– ¿Te ves capaz de descubrir esos cadáveres alrededor del mediodía de hoy?
– Ningún problema.
– Y las pruebas contra nuestro querido señor Barbara, desde luego.
– Sí. -Junior sonrió-. Son buenas pruebas.
– No te presentes en comisaría esta mañana, hijo.
– Debería -dijo Junior-. Podría parecer extraño si no lo hago. Además, no estoy cansado. He dormido con… -Sacudió la cabeza-. He dormido, dejémoslo ahí.
Big Jim tampoco preguntó «¿Con quién has dormido?». Tenía otras preocupaciones que no eran a quién podía estar estafando su hijo; simplemente se alegraba de que el chico no hubiese estado entre los que habían hecho sus cositas con ese asqueroso pedazo de basura de caravana en Motton Road. Hacer cosas con esa clase de chica era una buena forma de pillar algo y enfermar.
A buen seguro esa voz estaba en lo cierto, pero esa mañana tenía preocupaciones más acuciantes que el desorden alimentario de Junior Rennie, o lo que fuera.
– No he dicho que te vayas a la cama. Quiero que patrulles en coche, y quiero que hagas un trabajo para mí. Pero no te acerques al Food City. Me parece que allí va a haber jaleo.
La mirada de Junior revivió.
– ¿Qué clase de jaleo?
Big Jim no respondió de forma directa.
– ¿Podrías encontrar a Sam Verdreaux?
– Claro. Estará en esa chabola de God Creek Road. Lo normal sería que estuviera durmiendo la mona, pero hoy es más probable que se esté retorciendo por culpa del
– No te entiendo.
– Es una broma, papá. Olvídalo.
– ¿Crees que te miraría con otros ojos si le ofrecieras tres litros de whisky? ¿Y más después, si hace bien su trabajo?
– Ese viejo cabrón apestoso me miraría con otros ojos solo con que le ofreciera medio vaso de vino barato.