– ¿Por qué ibas a hacer eso, por Dios, si aún tenemos un montón de comida? -preguntó Ernie con enfado-. ¿Por qué asustar a la gente de esa manera? Bastante se asustarán cuando llegue el momento, si esto continúa. ¿De quién ha sido esta estúpida idea?
– Lo han votado los concejales -dijo Randolph-. Cualquier problema que tengáis con el plan, lo decís en la asamblea municipal especial del jueves por la noche. Si esto no se ha acabado ya para entonces, claro.
– ¿Qué plan? -gritó Ernie-. ¿Me estás diciendo que Andrea Grinnell está a favor de esto? ¡Ella no haría algo así!
– Tengo entendido que está con gripe -dijo Randolph-. Guardando cama. Así que ha sido decisión de Andy. Big Jim ha secundado la moción. -Nadie le había dicho que lo explicara así; nadie tenía que hacerlo. Randolph sabía cómo le gustaba que se hicieran las cosas a Big Jim.
– Puede que el racionamiento tenga sentido llegados a cierto punto -dijo Jack-, pero ¿por qué ahora? -Volvió a agitar sus papeles, con las mejillas casi tan rojas como su pelo-. ¿Por qué cuando aún tenemos tantísimo?
– Es el mejor momento para empezar a racionar -dijo Randolph.
– Eso es gracioso viniendo de un hombre con una lancha a motor en el lago de Sebago y una caravana de lujo Winnebago Vectra en el patio de casa -repuso Jack.
– No te olvides del Hummer de Big Jim -terció Ernie.
– Ya basta -dijo Randolph-. Los concejales lo han decidido…
– Bueno, dos de ellos lo han decidido -dijo Jack.
– Querrás decir uno -añadió Ernie-. Y ya sabemos cuál.
– … y yo he venido a comunicarlo, así que punto final. Pon un cartel en el escaparate. SUPERMERCADO CERRADO HASTA NUEVO AVISO.
– Pete. Mira. Sé razonable. -Ernie ya no parecía enfadado; ahora casi parecía que suplicaba-. Con esto la gente se va a llevar un susto de muerte. Si no hay forma de convencerte, ¿qué me dices de un CERRADO POR INVENTARIO, ABRIREMOS EN BREVE? A lo mejor podría añadirse SENTIMOS LAS MOLESTIAS TEMPORALES. Con el TEMPORALES en rojo, o algo así.
Peter Randolph sacudió la cabeza despacio y con gravedad.
– No puedo dejar que hagas eso, Ern. No podría aunque todavía estuvieras oficialmente empleado, como él. -Señaló con la cabeza a Jack Cale, que había dejado las hojas del inventario para poder torturar su pelo con ambas manos-. CERRADO HASTA NUEVO AVISO.
– Sí, bueno, Duke Perkins les habría dicho que cogieran esa orden y se la metieran por la culata -dijo Ernie-. Debería darte vergüenza, Pete, solucionarle la papeleta a ese gordo de mierda. Si te dice que saltes, tú preguntas hasta dónde.
– Será mejor que cierres el pico ahora mismo si sabes lo que te conviene -dijo Randolph, señalándolo. El dedo le temblaba un poco-. A menos que quieras pasarte el resto del día en el calabozo acusado de falta de respeto, será mejor que cierres la boca y cumplas las órdenes. Esta es una situación de crisis…
Ernie lo miró con incredulidad.
– ¿Acusado de falta de respeto? ¡Eso no existe!
– Ahora sí. Si no me crees, ponme a prueba.
9
Más tarde -demasiado tarde para que sirviera de algo-, Julia Shumway lograría hacerse una idea bastante clara de cómo habían empezado los disturbios en el Food City, aunque no tuvo oportunidad de publicarlo. Y aunque lo hubiera publicado, lo habría tratado como un puro reportaje periodístico: qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué. Si le hubiesen pedido que escribiera sobre el nudo emocional del suceso, se habría sentido perdida. ¿Cómo explicar que gente a la que conocía de toda la vida -gente a la que respetaba, a la que quería- se había convertido en una turba? Se dijo a sí misma:
Y tampoco había necesidad. Eso era lo que acababa pensando una y otra vez. El pueblo solo llevaba setenta horas aislado y estaba repleto de casi todo tipo de provisiones; por misterioso que pareciera, las únicas reservas que escaseaban eran las de gas propano.
Más tarde se diría:
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