Este pueblo, que tanto espera del cielo, mira poco hacia lo alto, donde se dice que el cielo está. Anda la gente trabajando en los campos, en las aldeas, hombres y mujeres entran y salen de las casas, van al huerto, a la fuente, se ocultan tras un pino, sólo una mujer que está tumbada en una rastrojera con un hombre encima cree ver pasar algo por el cielo, pero considera que son visiones propias de quien tanto está gozando. Sólo las aves, curiosas, vuelan, y preguntan, dando vueltas ansiosas en torno de la máquina, qué es, qué es, quizá sea éste el mesías de los pájaros, comparada con él, el águila no pasa de ser un San Juan Bautista cualquiera, Después de mí vendrá quien es más fuerte que yo, la historia de la aviación no acaba aquí. Durante un tiempo volaron acompañados de un milano que asustó e hizo huir a todos los pájaros, iban sólo los dos, el milano, aleteando y planeando, se entiende que vuele, la passarola sin mover las alas, si no supiéramos que esto está hecho de sol, ámbar, nubes cerradas, imanes y laminillas de hierro, no creeríamos lo que nuestros ojos ven, aparte de que no tendríamos la disculpa de la mujer que estaba tumbada en la rastrojera y ya no está, se le ha acabado el gusto, desde aquí ni el sitio se ve ya.

El viento viró hacia el sudoeste, sopla con mucha fuerza, y la tierra pasa por debajo como la superficie móvil de un río que llevase en su caudal campos, bosques, aldeas, colores verde y amarillo, ocres y pardos, paredes blancas, aspas de molinos, y también ríos de agua sobre el agua, qué fuerzas serían capaces de hacer la separación de estas aguas, el gran río que pasa y lo lleva todo consigo, los arroyos que en él buscan camino, agua en el agua, y no lo saben.

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