Está lloviendo, pero no tanto como para que tenga que interrumpirse el trabajo, excepto el de los albañiles, pues el agua deshace la argamasa, y se encharca en las anchísimas paredes, por eso se refugian los obreros en los cobertizos, a la espera de que escampe, mientras los canteros, que son gente fina, baten los mármoles abrigados, tanto los sillares como la obra de labra, probablemente preferirían descansar. A éstos tanto les da que las paredes crezcan de prisa como lentas, tienen el dibujo que han de seguir en la piedra, acantos, festones, acroterios, guirnaldas, acanaladuras, cuando la obra está lista la llevan a los cargadores de palo y cuerda, y acaba en el cobertizo donde con otras quedará guardada hasta que, llegada la hora, la vayan a buscar del mismo modo, salvo si es tan pesada que requiera cabrestante y plano inclinado. Pero tienen los canteros el privilegio de trabajar al abrigo, llueva o haga sol, con el jornal siempre seguro, bajo teja, blancos del polvo del mármol, parecen hidalgos de peluquín empolvado, truque-truque, truque-truque, con el cincel y la maceta, trabajo de dos manos. Esta lluvia de hoy no ha sido tan fuerte como para que los vigilantes mandaran recoger, aunque los de las carretillas son menos afortunados que las hormigas, que éstas, cuando el cielo está metido en agua, levantan la cabeza, olfatean los astros y se recogen en sus agujeros, no son hombres que tengan que trabajar bajo lluvia. Al fin, viene del lado del mar, avanzando sobre los campos, una oscura cortina de agua, dejan los hombres las carretillas en pleno desorden, y corren a los cobertizos o se ponen al cobijo de las paredes, si vale la pena, más mojados de lo que estaban no van a acabar. Las mulas atrailladas se quedan quietas bajo el chaparrón, el pelo empapado en sudor está ahora empapado en agua, los bueyes rumian, uncidos e indiferentes, cuando cae más fuerte la lluvia sacuden las cabezas, quién habrá ahí capaz de decir lo que sienten estos animales, qué fibras se les estremecen, y hasta dónde, si en el movimiento que hacen tropiezan sus cuernos brillantes quizá sólo, Estás ahí. Cuando la lluvia se aleja o se volvió soportable, vuelven los hombres al tajo y comienza todo de nuevo, cargar y descargar, tirar y empujar, arrastrar y levantar, hoy no hay cargas de pólvora por culpa de la humedad, mejor para los soldados que huelgan bajo los cobertizos, charlando con los centinelas, al resguardo también, es la alegría de la paz. Y como ha vuelto la lluvia, cayendo de un cielo oscurísimo, y tan pronto no va a escampar, se ha dado orden para que dejen los hombres el trabajo, sólo los canteros continuaron labrando la piedra, truque-truque, truque-truque, son amplios los cobertizos, ni las salpicaduras traídas por el viento manchan el grano de los mármoles.