Éstos son más fáciles. Desde que el sol nace hasta que se pone, Baltasar, y con él muchos más, setecientos, mil, mil doscientos hombres, cargan las carretillas con tierra y piedras, en el caso de Baltasar, el gancho ampara el mango de la pala, el brazo derecho anda hace casi quince años triplicando la fuerza y la habilidad, y luego, infinita procesión de Corpus Homini, van uno tras otro a tirar los escombros por la cuesta abajo y no es sólo matorral lo que van cubriendo, también alguna tierra de cultivo, aparte de una huerta del tiempo de los moriscos, se le va a acabar la vida, pobrecilla, tantos siglos dando coles tiernas, lechugas que estallaban de frescor, oréganos, matas de perejil y menta, primicias y primores, y ahora adiós, ya no correrá más agua por estas acequias, ya no vendrá el hortelano a deshacer la barrera de tierra y desviar el agua para dar de beber al plantel sediento, mientras el de al lado se regala con la sed que mató. Y dando el mundo tantas vueltas, muchas más dan los hombres que en él viven, quizás aquel que allá arriba acaba de vaciar una carretilla, ahí vienen piedras a saltos y trompicones, la tierra resbalando, delante la más pesada, tal vez sea él el hortelano de la huerta, pero no debe de serlo, pues ni siquiera le caen las lágrimas.

Перейти на страницу:

Похожие книги