La campana de la iglesia de San Andrés, en el fondo del valle, tocó el Ave María. Sobre la Isla de Madeira, en las calles y plazas, dentro de las tabernas y en los barracones se oye un murmullo continuo, como el del mar a lo lejos. Veinte mil hombres estaban rezando la oración de la tarde, o contándose sus vidas unos a otros, quién sabe.

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