Pero, en esto de santidades, las hay para todos los gustos. Si se quiere un santo dedicado a trabajos de hortelano y al cultivo de la letra, tenemos a San Benito. Si se quiere uno de vida austera, sabia y mortificada, que se adelante San Bruno. Si se quiere uno para predicar cruzadas viejas y reunir cruzados nuevos, no lo hay mejor que San Bernardo. Vienen los tres juntos, tal vez por semejanzas del rostro, tal vez porque sumadas las virtudes de todos formarían un hombre honesto, tal vez por tener en sus nombres la misma primera letra, no es raro que se junten las personas por azares como éstos, quién sabe si no fue por esta razón por lo que se unieron algunas personas a quienes conocemos bien, como Blimunda y Baltasar, que, dígase de paso, y hablando de Baltasar, es boyero de una de las yuntas que va arrastrando a San Juan de Dios, único santo portugués de la cofradía desembarcada de Italia en San Antonio do Tojal, y que anda, como casi todo lo que aparece en esta historia, camino de Mafra.