Paraíso será si hay justicia, no puede haber infierno después de lo que sufren éstos, los de las mantas de fuego, que son mantas gruesas, rellenas en capas de varios tipos de cohetería, y por las dos puntas les allegan fuego, y entonces empieza la manta a arder, y estallan los cohetes, por mucho tiempo uno tras otro restallando, estallan y resplandecen por toda la plaza, es como asar el toro en vida, y así va el animal corriendo la plaza, loco y furioso, saltando y bramando, mientras Don Juan V y su pueblo aplauden la mísera muerte, que el toro ni siquiera se puede defender y morir matando. Huele a carne quemada, pero es un olor que no ofende a estas narices, habituadas al churrasco del auto de fe, y en definitiva en el plato acaba el toro, siempre es un final de provecho, que del judío, en cambio, no quedan más que los bienes que aquí dejó.

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