Baltasar Sietesoles fue a dar una vuelta por allí cerca, al alto de la Vela, desde donde se ve toda la villa de Mafra en su agujero, en el fondo del valle. Aquí jugaba cuando tenía la edad del sobrino mayor, y más, pero no por mucho tiempo, que pronto hay que entregar los brazos al campo. El mar está lejos y parece cerca, brilla, es una espada caída del sol, que el sol ha de ir envainando lentamente cuando baje en el horizonte para ocultarse. Son comparaciones inventadas por quien escribe para quien anduvo en la guerra, no las inventó Baltasar, pero por alguna razón suya se acordó de la espada que tiene guardada en casa de su padre, nunca más la desenvainó, es posible que esté ya cubierta de herrumbre, un día de éstos va a pasarle la piedra y aceitarla, nunca se sabe qué puede pasar mañana.

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