En fin, siendo tan buenas las disposiciones de la reina para la maternidad ya le ha hecho otro infante el rey, éste sí, será rey, que daría materia para otro memorial y otras fatigas, y si alguien tiene curiosidad por saber cuándo equilibrará Dios este nacimiento real con un nacimiento popular, lo equilibrará, sí, pero no por vía de estos hombres mal conocidos y de estas mujeres por adivinar, que no querrá Inés Antonio que otros hijos le mueran, y de Blimunda se dice que tiene artes misteriosas para no tenerlos. Quedémonos con éstos ya crecidos, con el repetitivo relato que Sietesoles tiene que hacer de su historial bélico, de su pequeño parágrafo, cómo fue su mano herida y cómo se la cortaron, muestra los añadidos de hierro, en fin se volvieron a oír las acostumbradas y no imaginativas lamentaciones, Siempre ocurren a los pobres estas desgracias, y no es verdad, que no falta por ahí que queden muertos o lisiados cabos y capitanes, Dios tanto compensa lo poco como reduce lo mucho, sin embargo pasada una hora, ya todos se habían habituado a la novedad, sólo los niños no desvían los ojos, fascinados, y se horrorizan cuando el tío, por diversión, se sirve del gancho para levantarlos del suelo, y el que mayor interés muestra en el ejercicio es el menor, que se aproveche, que se aproveche mientras está a tiempo, que sólo le quedan tres meses para jugar.

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