Promulgado en 1926 (y en vigor hasta la época de Jrus-chov), el Código Penal mejorado entretejió las hilachas de los artículos políticos anteriores para formar una única y sólida red, la del Artículo 58, que fue lanzada a la pesca. Las capturas se extendieron con rapidez a ingenieros y técnicos, tanto más peligrosos porque ocupaban una fuerte posición en la economía nacional y eran difíciles de controlar con la sola ayuda de la Doctrina Progresista. Ahora resultaba evidente que el juicio en defensa de Oldenborger había sido un error (¡pues menudo Centro se había formado a su alrededor!) y precipitada la declaración absolutoria de Krylenko: «en 1920-1921 ya no cabía hablar de sabotaje por parte de los ingenieros».
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10Ahora ya no se trataba de sabotaje, sino de algo todavía peor:
Apenas había quedado claro de qué andaban detrás —el empecimiento—, acto seguido, pese a lo inusitado de dicho concepto en la historia de la humanidad, empezaron a descubrirlo sin dificultad en todas las ramas de la industria y en cada una de las empresas. Sin embargo, estos hallazgos esporádicos no respondían a un plan único, a una ejecución perfecta, mientras que la naturaleza de Stalin y todo cuanto había de investigación en nuestro sistema judicial tendían manifiestamente a ello. ¡Mas la Ley por fin había alcanzado la madurez y ya podía mostrar al mundo algo realmente perfecto!: un proceso unitario, grande, bien conjuntado, esta vez contra los ingenieros. Así es como tuvo lugar
el caso Shajty(18 de mayo-15 de julio de 1928). Sesión extraordinaria del Tribunal Supremo de la URSS, presidente A.Y. Vyshinski (todavía rector de la Primera Universidad Estatal de Moscú), principal acusador N.V. Krylenko (¡un mano a mano memorable! Como si uno pasara el relevo al otro), [208] 11cincuenta y tres acusados, cincuenta y seis testigos. ¡Grandioso!
¡Mas ay!, esta grandiosidad fue precisamente el punto flaco del proceso: si había que tirar de cada acusado con tres hilos, aunque sólo fuera con tres, ya sumaban 159, frente a los diez dedos de Krylenko y los otros diez de Vyshinski. Como es natural, «los acusados se esforzaron en descubrir sus graves crímenes ante la sociedad», pero no todos, sino sólo dieciséis de ellos. Otros trece estuvieron escabulléndose y veinticuatro no admitieron en absoluto su culpabilidad. [209] 12Ello fue causa de una discordancia inadmisible que las masas no podían comprender de ninguna manera. Junto a los aspectos positivos del proceso (que, por lo demás, eran herencia de vistas anteriores) —la indefensión de los acusados y sus abogados, su incapacidad para eludir o desviar la implacable losa de la sentencia—, saltaban a la vista los defectos de este nuevo proceso, especialmente imperdonables para un hombre con la experiencia de Krylenko.
En el umbral de la sociedad sin clases éramos, por fin, capaces de emprender un
Además, las proporciones del caso Shajty —que sólo abarcaba la industria hullera, y sólo en la cuenca del Donets— no estaban a la altura de la época.
Sin duda fue entonces, el mismo día en que concluyó el caso Shajty, cuando Krylenko empezó a cavar una nueva fosa de mayores proporciones (en la que caerían incluso dos de sus colegas del proceso de Shajty: los acusadores públicos Osadchi y Schein). Huelga decir con qué ganas y habilidad le ayudaría todo el aparato de la OGPU, que ya había pasado a las firmes manos de Yagoda. Había que crear y descubrir una organización de ingenieros que abarcase todo el país. Para ello se necesitaban algunas figuras «empecedoras»* importantes que figuraran en primer término. ¿Acaso podía haber alguien en los círculos de los ingenieros que no conociera a semejante personaje, indiscutiblemente fuerte e insoportablemente orgulloso? Esta figura era Piotr Akímovich Palchinski. Ingeniero de minas, muy conocido ya a principios de siglo, había sido durante la guerra mundial vicepresidente del Comité de la Industria Militar, es decir, había dirigido el esfuerzo de guerra de toda la industria privada rusa. Después de la Revolución de Febrero fue viceministro de Industria y Comercio. Sufrió persecución bajo el zarismo por sus actividades revolucionarias. Después de la Revolución de Octubre había estado tres veces en la cárcel (en 1917, en 1918 y en 1922), y en 1920 había sido nombrado profesor del Instituto de Minería y asesor del Plan Estatal. (Para más detalles sobre él, véase el capítulo décimo de la Tercera Parte.)