Porque no es que fueran dos mil los implicados en este asunto, ni siquiera doscientos o trescientos los que comparecieron ante el tribunal, sino tan sólo ocho personas. Y dirigir un coro de ocho personas no es nada del otro mundo. Sobre todo si Krylenko, que tuvo a miles donde elegir , si pasó dos años seleccionando a sus actores. ¿Que Palchinski no se doblega? Pues, fusiladlo (y declaradlo «dirigente del Partido Industrial» a título póstumo; así es como se le cita en las de claraciones, aunque no se haya conservado ni una sola de sus palabras). Luego esperaban obtener cuanto les hacía falta de Jrénnikov, pero éste tampoco cedió. De ahí que sólo figure una sola vez, y encima en letra menuda: «Jrénnikov murió durante la instrucción del sumario». Esto, escribídselo en letra menuda a los tontos, que nosotros al menos esto sí lo sabemos y vamos a escribirlo con letras bien gordas: ¡TORTURADO / MUERTE DURANTE LA INSTRUCCIÓN DEL SUMARIO! (También a él lo declararon «dirigente del Partido Industrial» a título póstumo. Y si por lo menos hubiera la más mínima prueba contra él, una sola declaración en medio del coro general: pero no hay ninguna. ¡Y no la hay porque jamás hizo ninguna ! ) Y de pronto el gran hallazgo: ¡Ramzin ¡Qué energía, qué garra! ¡Está dispuesto a todo con tal de vivir! ¡Y qué talento! Lo detuvieron a finales del verano, cuando el proceso estaba a punto de comenzar, y no sólo le dio tiempo a meterse de lleno en su personaje, sino que hasta parece que hubiera sido él quién compusiera todo el libreto, se hizo con un montón de materiales interrelacionados y los sirvió todos primorosamente compuestos; cualquier apellido, cualquier hecho. A veces hasta hacía gala de una lánguida ampulosidad: «Las actividades del Partido Industrial estaban hasta tal punto ramificadas que ni en once días de juicio sería posible descubrirlas en todo su detalle» (es decir: ¡Buscad! ¡Seguid buscando!). «Estoy firmemente convencido de que en los círculos de ingenieros se mantiene todavía un pequeño poso antisoviético.» (¡Venga, a por más! ¡Aún faltan unos cuantos!) Y qué dotes: sabe que se trata de un enigma y que a los enigmas hay que darles una explicación artística. Y, tan carente de sentimientos como una estaca, descubre de pronto en sí mismo «los rasgos del criminal ruso, cuya remisión exige arrepentimiento público».
Ramzin ha sido injustamente olvidado por los rusos. Cínico y deslumbrante, creo que merece convertirse en el arquetipo del traidor. ¡El fuego de Bengala de la traición! Cierto que no fue el único en su época, pero fue un caso eminente.
En suma, toda la dificultad de Krylenko y de la GPU estribaba únicamente en no equivocarse al escoger a las personas. De todos modos, el riesgo no era tan grande: cualquier mercancía que se les estropeara durante la instrucción podían enviarla a la tumba. Y en cuanto a los que pasaran por la criba y el cedazo, ¡a curarlos, a cebarlos un poco, y a presentarlos en el proceso!
¿En qué consistía, pues, el enigma? ¿En el tratamiento que les aplicaban? Pues nada más simple: ¿quiere usted vivir ? (Aunque a uno no le preocupe su propia vida, es posible que tenga hijos o nietos en que pensar.) ¿Es que no entiende que no nos cuesta nada fusilarlo sin salir siquiera del patio de la GPU? (Sin duda alguna. Y al que todavía no lo haya comprendido le aplican un tratamiento de extenuación en la Lubianka.) Pero será más provechoso tanto para usted como para nosotros que se avenga a representar cierto espectáculo cuyo texto escribirá usted mismo, como especialista; nosotros, los fiscales, nos estudiaremos el papel y nos esforzaremos en retener los términos técnicos. (En el juicio, Krylenko confundía a veces el eje de los vagones con los de la locomotora.) Puede que le resulte desagradable y deshonroso tomar parte en el espectáculo, pero ¡hay que hacer de tripas corazón! ¡Es la vida lo que está en juego! ¿Y cómo sé yo que después no me fusilarán? ¿Y por qué íbamos a vengarnos de usted? Ustedes son unos especialistas magníficos que no han cometido ningún crimen, nosotros los valoramos. Fíjese, además, en los muchos procesos por empecimiento que llevamos, y a todo el que se comportó correctamente lo hemos dejado con vida. (Conceder gracia a los acusados que habían sido obedientes era un requisito importante para el éxito de futuros procesos. Así, como una cadena, fue transmitiéndose esta esperanza hasta Zinóviev-Kámenev.) ¡Pero eso sí, debe cumplir todas nuestras condiciones, hasta la última! ¡El proceso debe redundar en provecho de la sociedad socialista!
Y los acusados cumplen todas las condiciones...
Toda la sutileza de la oposición intelectual de los ingenieros es reducida a sucio empecimiento, para que resulte accesible hasta al último de los alumnos en curso de alfabetización (¡Pero no se hablaba todavía de vidrios triturados en el plato de los obreros! A la fiscalía aún no se le había ocurrido.)