Se ha especulado sobre el empleo de una hierba tibetana que paraliza la voluntad, se ha hablado incluso de hipnosis. Si pretendemos dar con una explicación, no podemos rechazar de plano nada de esto, porque suponiendo que el NKVD dispusiera de estos medios, no cabe concebir norma ética alguna que pudiera impedirles el recurrir a ellos. ¿Por qué no debilitar y enturbiar la voluntad? Sabido es que en los años veinte, hubo grandes hipnotizadores que dejaron de dar giras para entrar al servicio de la GPU. Se sabe de manera fehaciente que en los años treinta el NKVD contaba con su propia escuela de hipnotizadores. A la esposa de Kámenev se le permitió entrevistarse con su marido justo antes del proceso y lo encontró abotargado, muy distinto a como era normalmente. (La esposa tuvo tiempo de contar todo esto antes de que la detuvieran también a ella.)

Pero entonces, ¿por qué no doblegaron a Palchinski ni a Jrénnikov mediante un filtro tibetano o hipnosis?

No, resulta imprescindible una explicación de índole superior, psicológica.

Si surgen dudas es porque se ha presentado a estos hombres como antiguos revolucionarios que no habían temblado en las cámaras de tortura zaristas, como luchadores forjados, fogueados, curtidos, etcétera, etcétera. Pero esto es un simple error. No se trataba de aquellos viejos revolucionarios, sino de otros que habían heredado esa fama por su vecindad con «Naródnaya Volia», el socialismo revolucionario, el anarquismo. Aquéllos arrojaron bombas, conspiraron, conocieron el presidio con trabajos forzados y supieron qué era cumplir una sentencia,aunque ni en sueños llegaron a ver una auténtica e implacable instrucción sumarial(porque, simplemente, no existía en la Rusia zarista). En cambio, éstos no habían conocido ni instrucciones sumariales ni sentencias. Los bolcheviques no habían pasado por ninguna «mazmorra» de tortura, por ninguna isla de Sajalín, por ningún presidio especial en Yakutia. Se sabe de Dzerzhinski que le tocó un destino más duro que a los demás, que se había pasado toda la vida de cárcel en cárcel. Pero medido con nuestro rasero resulta que cumplió los diez años de rigor, que no le cayó más que un billete de a diez,como, en nuestra época, a cualquier campesino de un koljós; cierto sin embargo, que de los diez años cumplió tres de presidio central con trabajos forzados, pero hoy en día esto tampoco es nada del otro jueves.

Los líderes del partido que nos presentaron en los procesos de los años 1936-1938 tenían en su pasado revolucionario encarcelamientos breves y leves, así como destierros de poca duración. En cuanto al presidio con trabajos forzados, ni siquiera lo habían olido. Bujarin tenía en su haber cantidad de pequeños arrestos, pero eran cosa de broma; es evidente que nunca estuvo encerrado en parte alguna durante un año entero y que apenas permaneció en su destierro en la península de Onega. [221] 23Pese a sus largos años de agitación por todas las ciudades de Rusia, Kámenev sólo estuvo dos años en algunas prisiones, y año y medio en el destierro. Pero ahora, en nuestro país, hasta a críos de dieciséis años les han endilgado cinco años de golpe. Zinóviev —pero si resulta ridículo decirlo— ¡no estuvo encerrado ni tres meses!¡Nunca le cayó ni una sola condena!Comparados con los habitantes corrientes de nuestro Archipiélago, no fueron sino niños de teta, no vieron las cárceles. Rykov y I.N. Smirnov fueron detenidos varias veces, estuvieron entre rejas unos cinco años cada uno, pero en cierto modo sus estancias en prisión fueron leves, huyeron sin dificultad de todos sus destierros o se acogieron a alguna amnistía. Antes de que los encerraran en la Lubianka no se imaginaban siquiera lo que era una verdadera cárcel ni lo que significaban las tenazas de una injusta instrucción sumarial. (No hay fundamento para suponer que si Trotski hubiera caído bajo esas tenazas no se hubiera comportado de la misma forma humillante, ni tampoco para suponer que su espinazo fuera más fuerte: ¿por qué iba a ser él distinto a los demás? Él tampoco había conocido sino prisiones suaves, nunca pasó por instrucciones sumariales severas y a lo sumo tuvo dos años de destierro en Ust-Kut. El aura terrible de Trotski como presidente del Consejo Militar Revolucionario y creador de los tribunales revolucionarios la había adquirido a bajo precio y no acreditaba una verdadera firmeza de espíritu: ¡quienes han mandado fusilar a muchos a menudo se estremecen ante su propia muerte! El que alguien sea firme para lo uno no implica que lo sea para lo otro.) Radek era un provocador. (¡Y no fue el único en los tres procesos!) Y Yagoda un delincuente común manifiesto.

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