- Muy bien, de acuerdo, ahí va. Los palestinos, vosotros los palestinos, sois un pueblo pacifico y decente, dedicado a la agricultura y con grandes tradiciones, que injustamente fuisteis privados de vuestras tierras y vuestra patria, desde 1948, con la sola finalidad de apaciguar al sionismo, y de dejar bien sentada una base de Occidente en Arabia.
- Tus palabras no me desagradan, ni mucho menos. Prosigue, por favor.
Fue maravilloso para Charlie descubrir lo mucho que recordaba, al impulso de la perversa presión que Joseph ejercía en ella. Párrafos de olvidados panfletos, conferencias de entusiastas, discursos de luchadores por la libertad, páginas de libros leídos a medias, todo acudía a su memoria cual fieles aliados en un momento de apuro. Dijo:
- Sois el invento surgido de un complejo de culpabilidad europeo con respecto a los judíos… Os han obligado a pagar el holocausto en el que vosotros no participasteis… Sois víctimas de una política racista e imperialista, antiárabe, empeñada en un comportamiento de desposición y destierro…
En voz baja, Joseph apuntó:
- Y asesinato.
- Y asesinato.
Charlie volvió a vacilar, y se fijó en la extraña mirada fija en ella y, lo mismo que le ocurrió en Mikonos, de repente comprendió que ignoraba en absoluto el significado de aquella mirada. En tono frívolo, Charlie dijo:
- De todas maneras, esto es lo que los palestinos sois. -Al advertir que Joseph nada decía a estas palabras, Charlie añadió-: Y te lo digo porque lo preguntas, que conste.
Charlie siguió mirando a Joseph, en espera de que le diera una indicación que le revelara qué era lo que ella debía ser. Bajo el influjo de la presencia de Joseph, Charlie había relegado sus convicciones a las vivencias de una existencia anterior. Y estaba dispuesta a decir sólo lo que Joseph quisiera.
Como si jamás se hubieran sonreído el uno al otro en el curso de toda su existencia, Joseph dijo en tono de mando:
- Advierte que Michel no dice frivolidades. Advierte cuán rápidamente se ha dirigido a la faceta seria de tu personalidad. En ciertos aspectos, Michel también es meticuloso. Por ejemplo, esa noche lo ha preparado todo: la comida, el vino, las velas e incluso la conversación. Bien podemos decir que, con una eficiencia de puro estilo israelí, ha montado una campaña completa para capturar él solito a su Joan.
Fija la vista en su brazalete, como si lo estudiara, Charlie repuso gravemente:
- Lamentable.
- Entretanto, te dice que eres la más brillante actriz del mundo, lo cual, supongo, no te desagrada en absoluto. Insiste en confundirte con santa Juana, por lo que te llama Joan, pero en estos momentos ya no te irrita tanto como antes que la vida y el teatro formen una sola unidad para Michel. Te dice que santa Juana ha sido su heroína favorita desde el primer día en que leyó algo a ella referente. Era una mujer, y, a pesar de ello, supo despertar la conciencia de clase entre los campesinos franceses, y les dirigió en su batalla contra los invasores ingleses, imperialistas y opresores. Era una auténtica revolucionaria que supo encender la llama de la libertad en los pueblos oprimidos del mundo. Transforma en héroes a los esclavos. Esto es el resumen del análisis crítico de Michel. La voz de Dios dirigiéndose a Juana no es más que la conciencia revolucionaria de la propia Juana que la impulsa a ofrecer resistencia a los colonialistas. Desde luego, no puede ser la verdadera voz de Dios, debido a que Michel ha concluido que Dios ha muerto. ¿No te habías dado cuenta de todo lo anterior, al interpretar el papel de Juana de Arco?
Charlie seguía toqueteando el brazalete. A la ligera, contestó:
- Es posible que no me hubiera dado cuenta de algunos de estos aspectos.
Charlie levantó la cabeza y vio en Joseph una granítica expresión de desaprobación. Charlie exclamó:
- ¡Oh, Dios!
Joseph dijo:
- Charlie, te advierto muy sinceramente que jamás debes burlarte de Michel mediante tu occidental ingenio. Su sentido del humor es cambiante, y deja de existir en cuanto se centra en chistecitos acerca de su persona, principalmente cuando es una mujer quien los hace.
Joseph hizo una pausa para que su advertencia calara hondo. Siguió:
- Bueno… La comida es horrorosa, pero a ti te da absolutamente igual. Michel ha pedido carne, ignorando que tu estás pasando una de tus temporadas de vegetariana. Masticas unas pequeñas porciones de carne para no ofender a Michel. En una carta escrita posteriormente, le dirás que fue el peor bistec que comiste en tu vida, y, al mismo tiempo, el mejor. Sólo puedes prestar atención, mientras Michel habla, a su voz animada y apasionada, y a su bello rostro árabe iluminado por la luz de las velas. ¿De acuerdo?
Charlie dudó, sonrió y dijo:
- Eso.