Pero Joseph se comportaba de una manera tan indiferente a estos insultos que incluso Charlie quedó satisfecha. Hasta tal punto que a media tarde, cuando el sol y la marihuana les bahía dejado en un estado de casi total embrutecimiento -menos a Charlie, como de costumbre-, decidieron que Joseph era frío, lo cual, habida cuenta de la manera de ser de la familia, constituía le más alto cumplido. Y, en tan espectacular cambio, fue también Alastair quien llevó la batuta. Joseph se comportaba con total indiferencia con respecto a ellos, y no se mostraba atraído por Lucy ni por los bellos muchachos. En consecuencia, Joseph era frío, como el propio Alastair, que también lo era. Joseph tenía su territorio, y su sola presencia lo decía: nadie me influye, y este lugar es mi acampamiento. Frío. Bakunin le hubiera dado notas muy altas.

Mientras acariciaba pensativamente la sedosa espalda de Lucy, desde lo alto hasta el borde del bikini, y desde aquí hasta arriba otra vez, Alastair concluyó:

- Es frío y le amo. Si este tipo fuera una mujer, yo sabría exactamente lo que tendría que hacer con él. ¿Verdad que lo comprendes, Lucy?

En el instante siguiente, Lucy se había puesto en pie, siendo la única persona que, con aquel calor, estaba erecta en la ardiente playa. Mientras se quitaba el traje de baño, Lucy dijo:

- ¿Quién dice que yo no soy capaz de atraer a ese tipo?

El caso es que Lucy era rubia, con anchas caderas, y tentadora cual manzana. Interpretaba papeles de camarera, de prostituta y de lesbiana, pero su especialidad era la interpretación de ninfómanas de menos de veinte años. Era capaz de atraer a cualquier hombre con solo un parpadeo. Se enrolló una toalla, que anudó a la altura de los pechos, cogió una jarra de vino y un vaso de plástico y avanzó hasta llegar al pie de la duna, sosteniendo la jarra de vino en la cabeza, ondulando las caderas y frotándose los muslos al andar, con lo que hacía una satírica imitación, según su particular criterio, de una diosa griega de Hollywood. Después de haber ascendido la brevísima cuesta, se puso rodilla en tierra junto a Joseph, y escanció vino, levantando mucho la jarra, en el vasito, dejando, al hacerlo, que la toalla en que iba envuelta se abriera. En el momento de ofrecer el vaso a Joseph, decidió dirigirse a Joseph en francés, dentro de los límites de los conocimientos que de este idioma tenía Lucy:

- Aimez-vous?

Al principio, Joseph no dio muestras de haberse dado cuenta de la presencia de Lucy. Volvió la página del libro que estaba leyendo, luego fijó la vista en la sombra proyectada por Lucy, y a continuación Joseph dio un cuarto de vuelta sobre sí mismo, quedando de costado, y dando frente a Lucy, cuyo cuerpo examinó con crítica atención, teniendo los ojos a la sombra de la visera del gorro de golf. Aceptó el vaso, lo levantó gravemente en el ademán del brindis, y bebió, mientras a veinte yardas de distancia, los partidarios de Lucy batían palmas y emitían esos fatuos sonidos de asentimiento que se oyen, de vez en cuando, en la Cámara de los Comunes.

Joseph, con el mismo entusiasmo con el que se lee un mapa, dijo a Lucy:

- Forzosamente has de ser Hera.

Y éste fue el instante en que Lucy hizo el espectacular descubrimiento: ¡Joseph tenía cicatrices!

Lucy casi fue incapaz de contenerse. La más atractiva de las cicatrices de Joseph era un limpio orificio que parecía practicado con taladro, del tamaño de una moneda de cinco peniques, igual que aquellos orificios de bala que Pauly y Willy fingían con pegatinas en su Mini. ¡Pero el orificio de Joseph estaba en el lado izquierdo de su estómago! Desde lejos no se podía ver. Pero cuando Lucy lo tocó advirtió que la cicatriz era de verdad, suave y dura.

Lucy, que no sabía quién era Hera, replicó con vagos y ensoñados acentos:

- Y tú eres Joseph.

Nuevos aplausos sonaron en la playa cuando Alastair levantó su vaso y brindó a gritos:

- ¡Joseph! ¡Señor Joseph! ¡El del fuerte brazo! ¡Avasalla a tus envidiosos hermanos!

Robert gritó:

- ¡Venga con nosotros, señor Joseph!

Y, a continuación, se oyó la furiosa orden de Charlie ordenando a Robert que se callara.

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