- La verdad es que no lo sé con exactitud. Si quiere que le sea sincero, es un asunto del que jamás me ha gustado hablar. Es una de esas cosas de las que uno se entera por descuido.
Y uno se olvida de ella. Sí, pura y simplemente uno se olvida. Últimamente, Charlie es mucho
más moderada. Les puedo asegurar que no es ni siquiera la mitad de feroz de lo que antes pretendía ser. Ha madurado mucho. ¡Oh, sí! Con acentos de duda, Kurtz preguntó: -¿De lo que pretendía ser, señor Quilley? Litvak terció:
- Háblenos de Reading. ¿Qué pasó?
- Bueno, algo parecido. Alguien le pegó fuego a un autobús, y, en consecuencia, acusaron a todo el grupo. Me parece que protestaban por haber sido reducidas las ventajas concedidas a los ancianos. O quizá hacía referencia a la no admisión de gentes de color como conductores.
Después de una brevísima pausa, Ned se apresuro a añadir:
- El autobús estaba vacío, desde luego. No hubo ni un herido. Litvak exclamó:
- ¡Santo cielo!
Y acto seguido miró a Kurtz, quien ahora formuló una pregunta con el énfasis propio de un fiscal en un melodrama:
- Ned, hace poco me ha parecido que usted decía que las actuales convicciones de Charlie son mucho más tolerantes. ¿Realmente era esto lo que usted ha querido decir?
- Sí, eso creo. En el caso de que, anteriormente, sus convicciones hubieran sido duras, claro está. Es sólo una impresión, pero Marjory, mi esposa, cree lo mismo. Si, estoy seguro, Con cierta sequedad, Kurtz preguntó: -¿Le ha confesado Charlie este cambio de actitud, Ned?
- Yo creo que tan pronto Charlie tenga una oportunidad tan buena como esa que ustedes…
Pero Kurtz le interrumpió, insistiendo en su anterior pregunta: -¿Lo ha confesado acaso a la señora Quilley? -Pues no, no. En realidad, no.
- ¿Hay alguna persona a la que Charlie haya podido confesarlo? ¿Como, por ejemplo, ese amigo anarquista que tiene?
- Bueno, éste sería el último en saberlo.
- Ned, le ruego que piense cuidadosamente su contestación. ¿Hay alguna otra persona, con la excepción de usted, sea amiga, amigo, viejo amigo de la familia, a quien Charlie haya sido capaz de confesar este cambio de postura? ¿Alejándose del radicalismo?
- No, no, que yo sepa no. No se me ocurre nadie. En ciertos aspectos. Charlie es reservada. Mucho más reservada de lo que aparenta.
Entonces ocurrió algo extraordinario. Luego, Ned hizo de ello un puntual relato a Marjory. Para hurtarse al incómodo, y, a juicio de Ned, histriónico fuego de las miradas que cada uno de ellos le dirigía, Ned había estado jugueteando con su vaso, mirándolo, dando vueltas al vaso de «Marc»… Teniendo la impresión de que Kurtz, por el momento, había terminado su interrogatorio, Ned alzó la vista y captó una expresión de evidente alivio en las facciones de Kurtz, de manera que comunicaba claramente a Litvak el placer que a Kurtz causaba el hecho consistente en que Charlie no hubiera dulcificado sus convicciones. O que, caso de haberlas dulcificado, no lo hubiera comunicado a nadie importante. Ned procuró fijarse mas en la cara de Kurtz, pero la expresión ya había desaparecido. Pero después, nadie, ni siquiera Marjory, pudo convencer a Ned de que la expresión de alivio antes mentada no se había producido.
Litvak, el gran abogado acusador ayudante de Kurtz, tomó la palabra, y lo hizo en un tono más rápido, como si con ello quisiera dar fin al interrogatorio:
- Señor Quilley, ¿conserva usted en su oficina fichas individuales de sus clientes? ¿O archivos, expedientes?
- Bueno, tengo la seguridad de que la señora Ellis se encarga de esto. -¿Lleva mucho tiempo trabajando aquí, la señora Ellis? - ¡Uf, y tanto! Ya trabajaba aquí en tiempos de mi padre.
- ¿Y qué clase de información conserva en sus archivos? ¿Honorarios, gastos, comisiones? ¿Se trata solamente de áridos pape-les de administración del negocio?
- ¡Santo Dios, no! La señora Ellis lo guarda todo. Cumpleaños, la clase de flores que gustan a la actriz, los restaurantes preferidos, etcétera. En un archivo incluso encontramos una vieja zapatilla de baile. Los nombres de los hijos, de los perros, recortes de prensa, en fin, todo.
- ¿Cartas personales?
- Naturalmente.
- ¿Manuscritas por la propia Charlie? ¿Cartas a lo largo de estos últimos años?
Estas palabras de Litvak avergonzaron un poco a Kurtz. Sus eslavas cejas así lo indicaban. Las cejas de Kurtz se estaban amontonando, en expresión dolorosa, sobre el puente de la nariz. Kurtz advirtió severamente a Litvak:
- Karman, me parece que el señor Quilley ya nos ha dado bastante información y nos ha concedido bastante tiempo. No tengo la menor duda de que si necesitamos más información, el señor Quilley nos la proporcionará más adelante. Mejor aún, si Charlie está dispuesta a hablar de estos asuntos con nosotros, ella misma nos proporcionará tal información. Ned, ha sido una feliz y memorable ocasión. Muchas gracias, señor.
Pero no era tan fácil como eso hacer callar a Litvak, quien estaba dotado de la obstinación de los jóvenes. Litvak exclamó: