- Charlie, no comprendo tu actitud evasiva. No comprendo las discrepancias que median entre la Charlie que ahora nos ofreces y la Charlie que consta en nuestros papeles. Tu primera visita a esta escuela de revolucionarios tuvo lugar el día quince de julio del año pasado, y se trataba de un cursillo de dos días para novatos, sobre el tema general del colonialismo y la revolución, y sí, efectivamente, fuisteis en autocar, y erais un grupo de gente de teatro, entre la que se encontraba Alastair. Tu segunda visita tuvo lugar un mes más tarde, y también la hiciste en compañía de Alastair. En esta segunda ocasión os dirigió la palabra, a ti y a tus compañeros de estudios, un individuo que se calificaba a sí mismo de exiliado boliviano, pero que se negó a dar su nombre, y también os habló un caballero igualmente anónimo, quien afirmó hablar en representación del ala izquierda del IRA. Tú firmaste generosamente un cheque de cinco libras para cada una de estas organizaciones, y tenemos la fotocopia del cheque.
- ¡Lo firmé por cuenta de Al! ¡Al estaba sin un penique!
- La tercera ocasión fue un mes más tarde, y tú tomaste parte en una discusión sumamente patética sobre los trabajos del pensador norteamericano Thoreau. La conclusión del grupo, conclusión a la que tú te adheriste, fue que Thoreau, en lo tocante a militancia, no era más que un idealista carente de importancia, con muy pocos conocimientos prácticos de activismo; en resumen, que era un desgraciado. Tú no sólo te adheriste a esta resolución, sino que propusiste una resolución complementaria exhortando a todos los camaradas a que adoptaran posturas más radicales.
- ¡Fue por Al! ¡Yo quería que aquella gente me aceptara! ¡Quería complacer a Al! ¡Al día siguiente ya me había olvidado!
- En el mes de octubre, tú y Alastair volvisteis allá, en esta ocasión para participar en unas sesiones especialmente combativas centradas en el fascismo burgués en las sociedades capitalistas, y esta vez tuviste destacadas intervenciones en las discusiones de los grupos, y obsequiaste a tus camaradas con muchas anécdotas míticas referentes al delincuente de tu padre, a tu inútil madre y a la educación represiva que te dieron.
Charlie, ahora, había dejado de protestar. Había dejado de pensar y de ver. Tenía la expresión de los ojos borrosa, y se mordisqueaba la parte interior del labio inferior, suavemente, a modo de castigo. Pero no podía dejar de estudiar, debido a que la voz de Kurtz no se lo permitía.
- Y la última ocasión se produjo, tal como Mike acaba de recordarme, en el mes de febrero del presente año, cuando tú y Alastair honrasteis con vuestra presencia una sesión cuyo tema te has empeñado obstinadamente en borrar de tu memoria, siempre, con la sola salvedad de un momento en que has insultado al Estado de Israel. En esta ocasión, el coloquio se centró exclusivamente en la lamentable expansión del sionismo mundial y en sus vinculaciones con el imperialismo norteamericano. El principal personaje era un caballero que afirmó representar a la revolución palestina, aun cuando se negó a decir a qué ala de este grandioso movimiento pertenecía. También se negó a revelar su personalidad, en el más literal sentido de la palabra, ya que llevaba un casco o caperuza negra que le ocultaba la cara, dándole un aire siniestro que le sentaba muy bien. ¿Ni siquiera de este orador te acuerdas?
Kurtz no dio a Charlie tiempo para contestarle.
- El tema del que habló fue su heroica vida, en cuanto a gran luchador y matador de sionistas. Este caballero declaró: «Las armas son mi pasaporte a mi patria. ¡Ya no somos refugiados, sino que somos un pueblo revolucionario!» Este hombre produjo cierta alarma, y una o dos voces, entre las que no estaba la tuya, dijeron que había ido demasiado lejos.
Kurtz hizo una pausa, y Charlie siguió en silencio. Kurtz acercó a sí el reloj y dirigió una sonrisa un tanto hueca a Charlie. Dijo:
- ¿Por qué no nos cuentas esas cosas, Charlie? ¿Por qué te dedicas a saltar de un tema a otro, sin conexión alguna, y sin saber qué vas a decir a continuación? ¿No te he dicho que necesitamos conocer tu pasado? ¿Que tu pasado nos gusta mucho?
Una vez más, Kurtz aguardó pacientemente la contestación de Charlie, pero esperó en vano. Kurtz dijo: