- ¿Quieres decir con esto, Charlie, que reniegas de la postura por ti adoptada?

- ¡Yo no tengo una postura adoptada!

- ¿No?

- ¡No!

- No has adoptado una postura, no te has comprometido con el activismo, salvo en el aspecto de ser una no alineada.

- ¡Esto!

Muy satisfecho, Kurtz añadió:

- Pacíficamente no alineada. Perteneces al extremo centro.

Kurtz se desabrochó despacio el bolsillo izquierdo de la camisa, metió en él sus gruesos dedos, y extrajo, de entre una porción de objetos heterogéneos, un recorte de prensa, doblado y muy largo, que, a juzgar por el lugar excepcional en que había estado guardado, era diferente de aquellos otros guardados en la carpeta. Mientras desdoblaba lentamente el recorte, Kurtz dijo:

- Charlie, no hace mucho has dicho incidentalmente que Al y tú asististeis a un congreso, en no sé qué lugar de Dorset. Creo que calificaste este congreso como «Un curso de pensamiento radical, en un fin de semana». No hemos hablado con detalle de lo que allí pasó. Creo recordar que, por alguna razón u otra, pasamos como sobre ascuas por este tema. ¿Te molestaría que habláramos de ello un poco más?

Con el aire del hombre que quiere refrescar su memoria, Kurtz leyó en silencio el recorte de prensa, y de vez en cuando meneó la cabeza, diciendo: «Bien, bien…» Sin dejar de leer comentó amablemente:

- Parece que no fue poca cosa, el curso en cuestión. Instrucción en el manejo de armas utilizando armas fingidas. Enseñanza de las técnicas de sabotaje, con plasticina, en vez de utilizar el explosivo propiamente dicho. Modos de vivir en la clandestinidad. Técnicas de supervivencia. Filosofía de las guerrillas urbanas. Incluso la manera de vigilar a una persona convertida en huésped en contra de su voluntad, lo cual se explica, según leo, con las siguientes palabras: «Disciplina de elementos violentos en una situación doméstica.» Si, me gusta el título. Es un bonito eufemismo.

Kurtz miró por encima del recorte de prensa y dijo:

- ¿Es más o menos correcto este reportaje o nos encontramos ante una típica exageración de la prensa capitalista-sionista?

Charlie ya no creía en la buena fe de Kurtz, y tampoco éste quería que creyera en ella. La única finalidad de Kurtz era alarmar a Charlie mediante el extremismo de sus propias convicciones, y obligarla a abandonar posiciones que había adoptado sin darse cuenta. Ciertos interrogatorios se llevan a cabo con la finalidad de inducir a decir la verdad, y otros se hacen con el fin de inducir a decir mentiras. Kurtz quería mentiras. En consecuencia, su voz se había endurecido perceptiblemente, y la expresión de diversión de su cara desapareció muy de prisa. Kurtz preguntó:

- ¿Quieres darnos una imagen un poco más objetiva quizá, Charlie?

En tono de desafío y echándose hacia atrás por primera vez, Charlie repuso:

- Todo fue cosa de Al. No mía.

- Pero fuisteis juntos.

- Fue una manera de pasar un fin de semana en el campo, en unos momentos en que no teníamos dinero. Esto es todo. Kurtz murmuró:

- Esto es todo.

Y dejó a Charlie con un silencio muy amplio, acusatorio, demasiado pesado para que Charlie se enfrentara a solas con él. Charlie protestó:

- No fuimos Al y yo solamente. Éramos unos veinte. Gente joven, del mundo teatral. Algunos todavía eran alumnos de la escuela de arte dramático. Alquilaron un autocar, fumaron hachís, tocaron música toda la noche. ¿Hay algo malo en esto?

En aquellos precisos instantes, Kurtz nada opinaba acerca de la bondad o la maldad del asunto. Dijo:

- Ellos. ¿Y qué hacías tú allí? ¿Conducías el autocar, con esa pericia de conductora que nos dicen posees?

- Yo iba con Al. Ya te lo he dicho. Era asunto suyo, no mío.

Charlie había perdido su punto de apoyo y comenzaba a caerse. Apenas sabía cómo había dado el resbalón, o quién le había golpeado los dedos. Quizá el cansancio la había obligado a soltarse.

Quizá esto era lo que había deseado en todo momento. Kurtz le preguntó:

- ¿Y te divertías a menudo de esta manera, Charlie? Hablando por hablar, fumando hachís, dedicándote inocentemente al amor libre, mientras los otros aprendían las artes del terrorismo… Hablas como si esto fuera habitual en ti. ¿Habitual? ¿No es eso?

- ¡No era habitual! Esto ha terminado para mí. Y además no me divertía.

- ¿Quieres decir con qué frecuencia lo hacías?

- ¡No lo hacía con frecuencia!

- ¿Cada cuándo?

- Un par de veces. Y esto es todo. Me aburrí pronto de ello. Caía girando y girando, y la oscuridad adquiría más y más densidad. Estaba rodeada de aire, pero el aire no la tocaba.

«¡Joseph, sácame de esta situación!» Pero Joseph era precisamente quien la había metido en ella. Charlie aguzaba el oído en espera de oír a Joseph, le enviaba mensajes con la parte trasera de la cabeza. Pero en respuesta de ellos no recibía mensaje alguno. Kurtz la miró derechamente, y Charlie contestó haciendo lo mismo. Charlie le hubiera atravesado con la mirada si hubiera podido, le hubiera dejado ciego mediante el retador fuego de sus ojos. Pensativo, Kurtz dijo:

- Un par de veces. ¿Es correcto, Mike?

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