Dijo el padre Bartolomeu Lourenço, No voy a revelar el secreto último del vuelo, pero, tal como escribí en la petición y en la memoria, toda la máquina se moverá por obra de una virtud atractiva contraria a la caída de los graves, si yo tiro este hueso de cereza, cae al suelo, ahora bien, la dificultad está en hallar lo que lo haga subir, Y lo ha encontrado, El secreto lo he descubierto yo, en cuanto a encontrar, coger y reunir es trabajo de nosotros tres, Es una trinidad terrestre, el padre, el hijo y el espíritu santo, Baltasar y yo tenemos la misma edad, treinta y cinco años, no podríamos ser padre e hijo naturales, es decir, según la naturaleza, pero sí fácilmente hermanos, aunque, siéndolo, tendríamos que ser gemelos, ahora bien, él nació en Mafra y yo en Brasil, y no nos parecemos en nada, En cuanto al espíritu, Ése sería Blimunda, quizá sea ella quien más cerca esté de ser parte en una trinidad no terrenal, Treinta y cinco años es también mi edad, pero nací en Nápoles, no podríamos ser una trinidad de gemelos, y Blimunda, qué edad tiene, Tengo veintiocho, y sin hermano o hermana, y diciendo esto alzó Blimunda los ojos, casi blancos en la semipenumbra del cobertizo, y Domenico Scarlatti oyó resonar en sí la cuerda grave de un arpa. Ostensivamente, Baltasar levantó el cesto casi vacío con su gancho, y dijo, Se acabó la merienda, vamos a trabajar.

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