Et ego in illo, dijo el padre Bartolomeu Lourenço en el cobertizo, pregonaba así el tema del sermón, pero hoy no buscaba efectos de voz, los trémulos rodados que conmoverían a los oyentes, la instancia de las inyunciones, la suspensión insinuante. Decía las palabras que había escrito, y otras que de improviso le venían ahora a la mente, y éstas negaban a aquéllas, o las ponían en duda, o hacían que expresaran sentidos diferentes, Et ego in illo, sí, y yo estoy en él, yo Dios, en el hombre, en mí, que soy hombre, estás tú, que eres Dios, Dios cabe dentro del hombre, pero cómo puede Dios caber en el hombre si es inmenso Dios y el hombre tan pequeña parte de sus criaturas, la respuesta es que queda Dios en el hombre por el sacramento, claro está, clarísimo, pero, quedando en el hombre por el sacramento, es preciso que el hombre lo tome, y así Dios no queda en el hombre cuando quiere, sino cuando el hombre lo desea tomar, de lo que se deduce que de algún modo el Creador se hizo criatura del hombre, ah, pero entonces grande fue la injusticia que se cometió contra Adán, dentro de quien no moró Dios porque aún no había sacramento, y Adán bien podrá argüir contra Dios que, por un solo pecado, le prohibió para siempre el árbol de la Vida y le cerró para siempre las puertas del paraíso, al paso que los descendientes del mismo Adán, con tantos y más terribles pecados, tienen a Dios en sí y comen del árbol de la Vida sin ninguna duda o impedimento, si a Adán castigaron por querer ser semejante a Dios, como tienen ahora los hombres a Dios dentro de sí y no son castigados, o no lo quieren recibir y castigados no son, que tener y no querer tener a Dios dentro de sí es el mismo absurdo, la misma imposibilidad, y, sin embargo, Et ego in illo, Dios está en mí, o en mí no está Dios, cómo podré encontrarme en esta selva de sí y no, de no que es sí, del sí que es no, afinidades contrarias, contrariedades afines, cómo atravesaré a salvo sobre el filo de la navaja, ahora bien, resumiendo, antes de haberse hecho hombre Cristo, Dios estaba fuera del hombre y no podía estar en él, después, por el sacramento, pasó a estar en él, así el hombre es casi Dios, o será en definitiva el mismo Dios, sí, sí, si en mí está Dios, yo soy Dios, Dios nosotros, él yo, yo él, Durus est hic sermo, et quis potest eum audire.

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