Se hizo de noche, cenó el padre Bartolomeu Lourenço con Sietesoles y Sietelunas, sardinas saladas y una fritada de huevos, un cántaro de agua, pan grosero y duro. Dos candiles iluminaban precariamente el cobertizo. En los rincones, la oscuridad parecía cerrarse, avanzando y retrocediendo según las oscilaciones de las pequeñas y pálidas luces. La sombra de la passarola se movía sobre la pared blanca. Estaba la noche caliente. Por la puerta abierta, sobre el tejado del palacio frontero, se veían estrellas en el cielo ya cóncavo. El cura salió al patio, aspiró profundamente el aire, luego contempló el camino luminoso que atravesaba la bóveda celeste de un lado a otro, el camino de Santiago, si es que los ojos de los peregrinos, de tanto mirar al cielo, no dejaron en él su propia luz, Dios es uno en esencia y en persona, gritó Bartolomeu Lourenço súbitamente. Se asomaron Blimunda y Baltasar a la puerta para saber qué grito era aquél, no es que les extrañaran las declamaciones del cura, pero así, fuera, clamando violento contra el cielo, nunca había ocurrido. Hubo una pausa, pero los grillos no interrumpieron su chirriar, y luego se alzó otra vez la voz, Dios es uno en esencia y trino en persona. Nada había ocurrido antes, nada ocurrió ahora. Bartolomeu Lourenço volvió al cobertizo y dijo a los otros, que lo seguían, He hecho dos afirmaciones contrarias entre sí, respondedme, cuál es la verdadera según vosotros, No sé, dijo Baltasar, Tampoco yo, dijo Blimunda, y el cura repitió, Dios es uno en esencia y en persona, Dios es uno en esencia y trino en persona, dónde está la verdad, dónde está la falsedad, No sabemos, respondió Blimunda, y no entendemos esas palabras, Pero crees en la Santísima Trinidad, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, hablo de lo que enseña la Santa Madre Iglesia, no de lo que dijo el italiano, Creo, Entonces, Dios, para ti, es trino en persona, Pues será, Y si yo te digo ahora que Dios es una sola persona, que era Él solo cuando creó el mundo y los hombres, lo creerás, Si me dice que es así, lo creo, Te digo sólo que creas lo que ni yo mismo sé, pero de estas palabras mías no hables con nadie y tú, Baltasar, qué piensas, Desde que empecé a construir la máquina de volar he dejado de pensar en estas cosas, tal vez Dios sea uno, quizá sea tres, puede muy bien ser cuatro, la diferencia no se nota, puede que Dios sea el único soldado vivo de un ejército de cien mil, por eso es al mismo tiempo soldado, capitán y general, y también manco, como me explicó ya, y eso, sí, lo creo, Pilatos le preguntó a Jesús qué era la verdad, y Jesús no respondió, Quizá fuera aún muy pronto para saberlo, dijo Blimunda, y fue a sentarse con Baltasar en una piedra al lado de la puerta, la misma piedra donde a veces se quitaban los piojos, ahora le liberó ella de las correas que prendían el gancho, luego le puso el muñón en el regazo para aliviarle de aquel grande e irreparable dolor.