Vino el río Canha a cruzarse en la conversación, caudaloso, espumeante, al otro lado se había reunido fuera de puertas el pueblo de Montemor a esperar a la reina y, con el trabajo de todos, más el auxilio de unos barriles que ayudaron a la flotación de los carruajes, al cabo de una hora estaban comiendo en la ciudad, los señores en los lugares propios de su distinción, los braceros al azar, unos comiendo callados, otros conversando como João Elvas que decía en el tono de quien continúa dos conversaciones, una con su interlocutor, otra consigo mismo, Me estoy acordando de que Sietesoles, cuando vivía en Lisboa, se trataba con el Volador, y que fui yo quien le dije quién era, un día en el Terreiro do Paço, me acuerdo como si fuera ayer, Quién era el Volador, El Volador era un cura, Bartolomeu Lourenço, que luego murió en España, hace ahora cuatro años, fue un caso del que se habló mucho, el Santo Oficio metió las narices, quién sabe si estaría Sietesoles en el asunto, Pero, llegó a volar el Volador, Hubo quien dijo que sí, hubo quien dijo que no, vete tú a saber, Lo que sí es seguro es que el Sietesoles dijo que estuvo cerca del sol, eso lo oí yo, Debe haber un secreto, Lo habrá, y con esta respuesta que preguntaba, se calló el hombre de la piedra, y ambos acabaron de comer.

Se habían levantado las nubes, planeaban alto, la lluvia ya no amenazaba tanto, los hombres que habían venido de los pueblos entre Vendas Novas y Montemor no continuaron. Les pagaron su trabajo, jornal doble por bondad interventora de la reina, que siempre tiene su compensación cargar con los poderosos. João Elvas seguía viaje, ahora tal vez con más comodidad porque lo conocían los cocheros y los mozos de cuadra, quizá lo dejaran ir sentado en una galera, con las piernas colgando, balanceándolas encima de las boñigas y del barro. El hombre que había hablado de la piedra estaba al borde del camino, mirando con sus ojos azules al que se acomodaba entre dos arcones. No volverán a verse más, o eso suponemos, que el futuro ni Dios lo sabe, y cuando la galera empezó a andar, dijo João Elvas, Si un día encuentras a Sietesoles dile que has hablado con João Elvas, seguro que se acuerda de mí, y dale un abrazo de mi parte, Se lo diré y se lo daré, pero no creo que lo vuelva a ver, Y tú, cómo te llamas, Me llamo Julián Maltiempo, Entonces, adiós, Julián Maltiempo, Adiós, João Elvas.

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