La princesa no piensa ya en los hombres que vio en el camino. Recuerda ahora que nunca ha ido a Mafra, qué raro, se construye un convento porque nació María Bárbara, se cumple el voto porque María Bárbara nació, y María Bárbara no vio, no sabe, no tocó con su dedito gordezuelo la primera piedra, ni la segunda, no sirvió con sus manos el caldo a los albañiles, no alivió con un bálsamo los dolores que Sietesoles siente en el muñón cuando se quita el gancho, no enjugó las lágrimas de la mujer que vio a su hombre aplastado, y ahora va María Bárbara a España, el convento es para ella como un sueño soñado, una niebla impalpable, no puede siquiera representarlo en su imaginación, si a otro recuerdo no serviría la memoria. Ay las culpas de María Bárbara, el mal que ha hecho ya, sólo por nacer, y no es preciso ir muy lejos, bastan aquellos quince hombres que allí van, mientras pasan los coches con los frailes, las berlinas con los hidalgos, las galeras con los guardarropas, las estufas con las damas, y de éstas las arcas con joyas, y el resto del ajuar, zapatitos bordados, frascos de agua de flores, cuentas de oro, cinturones bordados de oro y plata, los justillos, las pulseras, los opulentos manguitos, las borlas de los polvos, las pieles de armiño, oh, cuán deliciosamente pecadoras son las mujeres, y hermosas, incluso cuando están picadas de viruela y son feas como esta infanta a quien vamos acompañando, bastaría la seductora melancolía, el semblante pensativo, ni precisa del pecado, Señora madre y reina mía, aquí estoy, camino de España, de donde no volveré, y en Mafra sé que están construyendo un convento por causa de un voto en que fui parte, y nunca nadie me ha llevado a verlo, en esto hay muchas cosas que no entiendo, Hija mía y futura reina, no pierdas un tiempo que ha de ser de oración en vanos pensamientos como éstos, la real voluntad de tu padre y señor nuestro quiso que se construyera el convento, la misma real voluntad quiere que te vayas a España y que no veas el convento, sólo la voluntad del rey prevalece, el resto es nada, Entonces es nada esta infanta que soy yo, nada los hombres que ahí van, nada este coche que nos lleva, nada aquel oficial que va bajo la lluvia y que me mira, nada, Así es, hija, y cuanto más se vaya prolongando tu vida, mejor verás que el mundo es como una gran sombra que va adentrándose en nuestro corazón, por eso el mundo se vuelve vacío y el corazón no resiste, Oh, madre, qué es nacer, Nacer es morir, María Bárbara.