Al camino salía el pueblo menudo de aquellas tierras y de rodillas imploraba la piedad real, parece como si los míseros adivinaran que a sus pies llevaba Don Juan V un baúl de monedas de cobre, que iba lanzando a manos llenas, a un lado y a otro, en gestos amplios de sembrador, lo que causaba gran alboroto y gratitud, violentamente se deshacían las filas y se disputaban los dineros arrojados, y era de ver cómo viejos y jóvenes se revolcaban en el barro allá donde se enterrara un real, cómo tanteaban ciegos el fondo de las aguas lodosas donde un real se hundió, mientras las reales personas iban pasando, graves, severas, majestuosas, sin abrir una sonrisa, porque tampoco Dios sonríe, él sabrá por qué, quizás avergonzado del mundo que creó. João Elvas anda por ahí, cuando tendió el sombrero al rey, sólo por saludar, como era su obligación de súbdito, le cayeron dentro unas monedas, es hombre de suerte este viejo, ni tiene que agacharse, le llevan la felicidad a la puerta y las monedas a la mano.

Eran más de las cinco cuando el cortejo llegó a la ciudad. Disparó sus salvas la artillería, y tan combinadas parecían estas cosas, que del otro lado de la frontera resonaron también unos tiros, era la entrada de los reyes de España en Badajoz, quien estuviera inadvertido creería que estaba a punto de trabarse una gran batalla, y que, contra lo que era costumbre, iban al combate el rey y el ladrón, aparte del soldado y el capitán, que siempre van. Pero son tiros de paz, fuegos de otro artificio, las luminarias nocturnas y las artes pirotécnicas, ahora bajaron del coche el rey y la reina, el rey quiere ir a pie, de la puerta de la ciudad a la catedral, pero el frío es tanto, corta las manos heladas, corta la cara aterida, hasta el punto que el rey Don Juan V se resigna a perder esta primera escaramuza, vuelve a subir al coche, luego, por la noche, tal vez diga dos palabras secas a la reina, pues ella fue quien se negó, quejosa del aire helado, cuando al rey daría gusto y satisfacción recorrer por su pie las calles de Elvas, tras el cabildo que lo esperaba con cruz alzada y Santo Leño, besado sí, pero no acompañado, este vía crucis no lo medirá paso a paso Don Juan V.

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