Fatmeh, quien había dado a Yanuka el amuleto de oro que llevaba colgado del cuello. Schwili había falsificado la carta, la señorita Bach había compilado los datos precisos para su contenido, y el camaleónico talento de Leon había suministrado el justo tono del censurable afecto de Fatmeh. Los modelos en que se basaron fueron las cartas que Yanuka había recibido de Fatmeh, mientras el primero se hallaba sometido a estrecha vigilancia. Fatmeh le decía que le amaba, y que albergaba esperanzas de que Yanuka se portara como un valiente, cuando le llegara el momento. Con la palabra «momento», Fatmeh parecía referirse al temido interrogatorio. También le decía que había decidido abandonar a su novio y dejar su trabajo, para volver a entregarse a su labor de ayuda a los desvalidos, debido a que no podía soportar hallarse tan lejos de su amada Palestina, mientras Yanuka se encontraba en tan desesperada situación. Fatmeh admiraba a Yanuka y siempre le admiraría, juraba Leon. Hasta la tumba y más allá de la tumba, Fatmeh admiraría a su valeroso y heroico hermano, había urdido Leon. Yanuka aceptó la carta con fingida indiferencia, pero cuando los interrogadores volvieron a dejarle solo, Yanuka se quedó en postura piadosamente agazapada, con la cabeza noblemente vuelta a un lado y hacia arriba, en la postura del mártir que espera la espada, oprimiendo la carta de Fatmeh contra su mejilla.
Cuando los guardianes volvieron al cabo de una hora para barrer la celda, Yanuka les dijo, no sin cierta altivez, que necesitaba papel.
Bueno, pues fue lo mismo que si nada hubiera dicho. Oded se limitó a bostezar.
- ¡Exijo papel! ¡Exijo la presencia de los representantes de la Cruz Roja! ¡Exijo el derecho a escribir una carta a mi hermana Fatmeh, de acuerdo con las normas de la Convención de Ginebra! ¡Si, señor!
Estas palabras también fueron favorablemente recibidas en el piso inferior, ya que demostraban que la primera ofrenda del Comité Literario había merecido la aceptación de Yanuka. Inmediatamente se transmitió un mensaje a Atenas. Los guardianes se fueron de la celda con aire lánguido, con la evidente finalidad de pedir instrucciones, y poco tardaron en reaparecer con papel de cartas de la Cruz Roja. También entregaron a Yanuka una hoja impresa que llevaba el título «Consejo a los presos», en el que se decía que sólo se transmitirían las cartas escritas en ingles, y que asimismo sólo se transmitirían las cartas que no contuvieran «mensajes encubiertos». Pero no dieron pluma a Yanuka. Yanuka pidió que le entregaran una pluma, suplicó que le dieran pluma, chilló y lloro, todo a cámara lenta, pero los muchachos contestaron a gritos y muy secamente que la Convención de Ginebra nada decía acerca de plumas. Media hora después, los dos interrogadores volvían a entrar diligentemente en la celda, rebosantes de justa indignación, con una pluma suya que llevaba la inscripción: «Por la humanidad»
Escena tras escena, esta comedia duró varias horas más, mientras Yanuka, en su debilitado estado, luchaba en vano para rechazar la ofrecida mano de la amistad. Su contestación escrita a Fatmeh era clásica. Fue una incoherente carta de tres páginas, en la que se mezclaban los consejos con los sentimientos de piedad hacia sí mismo y con el anuncio de audaces actitudes, que proporcionó a Schwili la primera muestra «limpia» de la caligrafía de Yanuka cuando éste se hallaba en estado de tensión emotiva, y que proporcionó a Leon una excelente muestra primeriza del estilo de Yanuka, en prosa inglesa.
Yanuka escribió: «Mi querida hermana: me estoy enfrentando con la mayor prueba de mi vida, en la cual la grandeza de tu espíritu me acompañará.» Esta carta motivó una comunicación especial. Kurtz dijo a la señorita Bach: «Mándemelo todo. No quiero silencios. Si nada ocurre, dígame que nada ocurre.» Y Kurtz también se dirigió a Leon, en términos más severos: «Haz lo preciso para que la señorita Bach comunique conmigo cada dos horas, a ser posible cada hora.»
La carta de Yanuka a Fatmeh fue la primera de toda una serie. A veces, las cartas de uno y otra se cruzaban. A veces, Fatmeh contestaba las preguntas de Yanuka tan pronto éste se las formulaba, y le formulaba preguntas, a su vez.