La música es otra cosa. Domenico Scarlatti trajo a la quinta un clavicordio, no cargó él con el instrumento, sino dos faquines, a palo, cuerda, almohadilla y mucho sudor en la frente, desde la Rua Nova dos Mercadores donde fue comprado, hasta San Sebastián da Pedreira donde sería oído, vino Baltasar con ellos para indicar el camino, otra ayuda no le pidieron, que este transporte no se hace sin ciencia y arte, distribuir el peso, combinar las fuerzas como en la pirámide de la Danza da Bica, aprovechar el mollejo de cuerdas y palo para afirmar el paso, secretos del oficio que valen tanto como los otros, y cree cada cual que los del suyo son máximos. Los gallegos dejaron el clavicordio fuera del portalón, sólo faltaba que vieran la máquina de volar, y lo llevaron al cobertizo, con gran esfuerzo, Baltasar y Blimunda, no tanto por el peso, como porque les faltaban arte y ciencia, sin contar con que las vibraciones de las cuerdas parecían quejas lastimeras que les oprimían el corazón, también dubitativo y asustado de tan extrema fragilidad. Aquella misma tarde vino Domenico Scarlatti, se sentó a afinar el clavicordio mientras Baltasar trenzaba mimbre y Blimunda cosía lonas, trabajos silenciosos que no perturbaban la obra del músico. Y, afinado ya el instrumento, ajustadas las combas que el transporte había desacordado, comprobadas las plumas de pato una a una, Scarlatti empezó a tocar, primero dejando correr los dedos sobre las teclas, como si las liberara de sus prisiones, luego organizando los sonidos en peque ños segmentos, como si eligiera entre el bueno y el errado, entre la forma repetida y la forma perturbada, entre la frase y su corte, articulando al fin en discurso nuevo lo que antes había parecido contradictorio y fragmentario. De música sabían poco Baltasar y Blimunda, la salmodia de los frailes, raramente la estridencia operativa del Te Deum, tonadas populares, campesinas y urbanas, cada cual las suyas, pero nada que se pareciera a estos sonidos que el italiano extraía del clavicordio, que parecían unas veces un juguete infantil y otras una reprensión colérica, tanto parecían divertirse los ángeles como enfadarse Dios.