Por todas partes quemaban romero para alejar la epidemia, en las calles, en las entradas de las casas, principalmente en los cuartos de los enfermos, quedaba el aire azulado de humo, y oloroso, que no parecía aquella fétida ciudad de los días saludables. Buscaban todos lenguas de San Pablo, que son piedras con aspecto de lengua de pájaro, encontradas en las playas que de São Paulo van hasta Santos, será por la santidad propia de los lugares o por la santificación que los nombres les dan, lo que todos saben es que tales piedras, y otras, redondas, del tamaño de garbanzos, son de soberana virtud contra las fiebres malignas precisamente, porque, siendo hechas de sutilísimo polvo, pueden mitigar el excesivo calor, aliviar las arenas, y a veces provocar sudor. El mismo polvo, resultante de la molienda de las piedras, es conclusivo contra el veneno, cualquiera que sea y cualquiera que haya sido la forma de administración, máxime en caso de mordedura de bicho venenoso, basta colocar la lengua de San Pablo o el garbanzo sobre la herida, y en un instante absorbe el veneno. Por eso se llama también a estas piedras ojos de víbora.

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