Ahora, Roger se preguntaba una vez mбs, como lo hacнa sin tregua dнa y noche desde el amanecer de su llegada a la playa de Banna Strand, en Tralee Bay, cuando habнa oнdo el canto de las alondras y habнa visto cerca de la playa las primeras violetas salvajes, por quй maldita razуn no habнa habido ningъn barco ni piloto irlandйs esperando al carguero Aud que traнa los fusiles, las ametralladoras y las municiones para los Voluntarios y al sub marino donde venнan йl, Monteith y Bailey. їQuй habнa pasado? El leyу con sus propios ojos la carta perentoria de John Devoy al conde Johann Heinrich von Bernstorff, que йste transmitiу a la Cancillerнa alemana, advirtiendo que el levantamiento serнa entre el Viernes Santo y el Domingo de Resurrecciуn. Y que, por lo tanto, los fusiles debe rнan llegar, sin falta, el 20 de abril a Fenit Pier, en Tralee Bay. Allн estarнan esperando un piloto experto en la zona y botes y barcos con Volunteers para descargar las armas. Dichas instrucciones fueron reconfirmadas en los mismos tйrminos de urgencia el 5 de abril por Joseph Plunkett al encargado de Negocios alemбn en Berna, quien retransmitiу el mensaje a la Cancillerнa y la Jefatura Militar en Berlнn: las armas tenнan que llegar a Tralee Bay en el anochecer del dнa 20, no antes ni despuйs. Y йsa era la fecha exacta en que tanto el Aud como el submarino U-19 llegaron al lugar de la cita. їQuй demonios ocurriу para que no hubiera nadie esperбndolos y tuviera lugar la catбstrofe que lo habнa sepultado a йl en la cбrcel y contribuido al fracaso del levantamiento? Porque, segъn las informaciones que le dieron sus interrogadores Basil Thomson y Reginald Hall, el Aud fue sorprendido por la Royal Navy en aguas irlandesas bastante despuйs de la fecha acordada para el desembarco —arriesgando su seguridad habнa se guido esperando a los Volunteers—, lo que obligу al capitбn del Aud a hundir su barco y mandar al fondo del mar los veinte mil fusiles, las diez ametralladoras y los cinco millones de municiones que, acaso, hubieran dado otro sesgo a esa rebeliуn que los ingleses aplastaron con la ferocidad que cabнa esperar.

En verdad, lo que habнa ocurrido Roger Casement lo podнa suponer: nada grandioso ni trascendental, una de esas menudencias estъpidas, descuidos, contraуrdenes, diferencias de opiniуn entre los dirigentes del Consejo Supremo del IRB, Tom Clarke, Sean McDermott, Patrick Pearse, Joseph Plunkett y unos pocos mбs. Algunos de ellos, o acaso todos, habrнan cambiado de opiniуn sobre la fecha mбs conveniente para la llegada del Aud a Tralee Bay y enviado la rectificaciуn sin pensar que la contraorden a Berlнn podнa extraviarse o llegar cuando el carguero y el submarino estuvieran ya en alta mar y, debido a las espantosas condiciones atmosfйricas de esos dнas, prбcticamente desconectados de Alemania. Tenнa que haber sido algo de eso. Una pequeсa confusiуn, un error de cбlculo, una tonterнa y un armamento de primer orden estaba ahora en el fondo del mar en vez de llegar a manos de los Voluntarios que se habнan hecho matar en la semana que duraron los combates en las calles de Dublнn.

No habнa errado pensando que era una equivocaciуn alzarse en armas sin una acciуn militar alemana simultбnea, pero no se alegraba por ello. Hubiera preferido equivocarse. Y haber estado allн, con esos insensatos, el centenar de Voluntarios que en la madrugada del 24 de abril capturaron la Oficina de Correos de Sackville Street, o con los que intentaron tomar por asalto el Dublin Castle, o con los que quisieron volar con explosivos el Magazine Fort, en Phoenix Park. Mil veces preferible morir como ellos, con las armas en la mano —una muerte heroica, noble, romбntica—, antes que en la indignidad del patнbulo, como los asesinos y los violadores. Por imposible e irreal que hubiera sido el designio de los Voluntarios, el Irish Republican Brotherhood y el Ejйrcito del Pueblo, debiу ser hermoso y exaltante —sin duda todos los que estuvieron allн lloraron y sintieron su corazуn tronando— oнr a Patrick Pearse leyendo el manifiesto que proclamaba la Repъblica. Aunque sуlo por un brevнsimo parйntesis de siete dнas, el «sueсo del celta» se hizo realidad: Irlanda, emancipada del ocupante britбnico, fue una naciуn independiente.

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