—A йl no le gustaba que yo hiciera este oficio —volviу a sobresaltarlo la voz acongojada del sheriff—. Se avergonzaba de que la gente del barrio, de la sastrerнa, supiera que su padre era un empleado de prisiones. La gente supone que, por codearnos dнa y noche con delincuentes, los guardianes nos contagiamos y nos volvemos tambiйn sujetos fuera de la ley. їSe ha visto cosa mбs in justa? Como si alguien no tuviera que hacer este trabajo para bien de la sociedad. Yo le ponнa el ejemplo de Mr. John Ellis, el verdugo. Es tambiйn peluquero en su pueblo, Rochdale, y allн nadie habla mal de йl. Por el contra rio, todos los vecinos le tienen la mayor consideraciуn. Hacen cola para que los atienda en su barberнa. Estoy se guro que mi hijo no hubiera permitido que nadie hablara mal de mн delante de йl. No sуlo me tenнa mucho respeto. Yo sй que me querнa.
Otra vez Roger oyу aquel gemido apagado y sintiу moverse el camastro con el temblor del carcelero. їLe hacнa bien al sheriff desahogarse de este modo o aumentaba su dolor? Su monуlogo era un cuchillo escarbando una herida. No sabнa quй actitud tomar: їhablarle? їTratar de consolarlo? їEscucharlo en silencio?
—Nunca dejу de regalarme algo el dнa de mi cumpleaсos —aсadiу el sheriff—. El primer salario que recibiу en la sastrerнa me lo entregу нntegro. Debн insistir para que se quedara con el dinero. їQuй muchacho de hoy muestra tanto respeto por su padre?
El sheriff volviу a hundirse en el silencio y en la in movilidad. No eran muchas las cosas que Roger Casement habнa llegado a saber del Alzamiento: la toma de Correos, los fracasados asaltos al Dublin Castle y el Magazine Fort, en Phoenix Park. Y los fusilamientos sumarios de los principales dirigentes, entre ellos el de su amigo Sean McDermott, uno de los primeros irlandeses contemporбneos en haber escrito prosa y poesнa en gaйlico. їA cuбntos mбs habrнan fusilado? їLos habrнan ejecutado en las mismas mazmorras de Kilmainham Gaol? їO los habнan llevado a Richmond Barracks? Alice le dijo que a James Connolly, el gran organizador de los gremios, tan malherido que no podнa tenerse en pie, lo habнan enfrentado al pelotуn de fusilamiento sentado en una silla. ЎBбrbaros! Los datos fragmentados del Alzamiento que habнa conocido Roger por sus interrogadores, el jefe de Scotland Yard, Basil Thomson y el capitбn de navнo Reginald Hall, del Ser vicio de Inteligencia del Almirantazgo, por su abogado George Gavan Duffy, por su hermana Nina y Alice Stop ford Green, no le daban una idea clara de lo ocurrido, sуlo de un gran desorden con sangre, bombas, incendios y disparos. Sus interrogadores le iban refiriendo las noticias que llegaban a Londres cuando aъn se combatнa en las calles de Dublнn y el Ejйrcito britбnico sofocaba los ъltimos reductos rebeldes. Anйcdotas fugaces, frases sueltas, hilachas que trataba de situar en su contexto usando su fantasнa y su intuiciуn. Por las preguntas de Thomson y Hall durante aquellos interrogatorios descubriу que el Gobierno inglйs sospechaba que йl habнa llegado de Alemania para encabezar la insurrecciуn. ЎAsн se escribнa la Historia! El, que vino a tratar de atajar el Alzamiento, convertido en su lнder por obra del despiste britбnico. El Gobierno le atribuнa desde hacнa tiempo una influencia entre los independentistas que estaba lejos de la realidad. Quizбs eso explicaba las campaсas de denigraciуn de la prensa inglesa, cuando йl estaba en Berlнn, acusбndolo de vender se al Kбiser, de ser un mercenario ademбs de un traidor, y, en estos dнas, las vilezas que le atribuнan los diarios londinenses. ЎUna campaсa para hundir en la ignominia a un lнder supremo que nunca fue ni quiso ser! Eso era la historia, una rama de la fabulaciуn que pretendнa ser ciencia.
—Una vez le vinieron las fiebres y el mйdico de la enfermerнa dijo que se iba a morir —retomу su monуlogo el sheriff—. Pero entre Mrs. Cubert, la mujer que lo amamantaba, y yo, lo cuidamos, lo abrigamos y con cariсo y paciencia le salvamos la vida. Me pasй muchas noches en vela haciйndole frotaciones en todo el cuerpo con alcohol alcanforado. Le sentaba bien. Partнa el alma verlo tan pequeсito, tiritando de frнo. Espero que no haya sufrido. Quiero decir, allб, en las trincheras, en ese sitio, Loos. Que su muerte haya sido rбpida, sin darse cuenta. Que Dios no haya sido tan cruel de infligirle una larga agonнa, dejando que se desangrara a pocos o se asfixiara con los gases de mostaza. El siempre asistiу al oficio dominical y cumpliу con sus obligaciones de cristiano.
—їCуmo se llamaba su hijo, sheriff? —preguntу Roger Casement.
Le pareciу que en las sombras el carcelero daba de nuevo una especie de respingo, como si acabara de descubrir otra vez que йl estaba allн.
—Se llamaba Alex Stacey —dijo por fin—. Como mi padre. Y como yo.