El encuentro con su hermano Tom, despuйs de tantos aсos, fue penoso. Contrariamente a lo que Roger habнa pensado cuando decidiу ir a verlo, que el viaje lo acercarнa a su hermano mayor y crearнa entre ambos un vнnculo afectivo que en verdad nunca habнa existido, sirviу mбs bien para constatar que eran dos extraсos. Salvo el parentesco sanguнneo, no existнa entre ambos nada en comъn. Todos estos aсos se habнan escrito, generalmente cuando Tom y su primera mujer, Blanche Baharry, una australiana, tenнan problemas econуmicos y querнan que Roger los ayudara. Nunca habнa dejado de hacerlo, salvo cuando los prйstamos que su hermano y su cuсada le pedнan eran excesivos para su presupuesto. Tom se habнa casado por segunda vez con una sudБfricana, Katje Ackerman, y ambos habнan iniciado un negocio turнstico en Durban que no funcionaba bien. Su hermano parecнa mбs viejo de lo que era y se habнa convertido en el sudAfricano prototнpico, rъstico, bruсido por el sol y la vida al aire libre, de maneras informales y algo rudas, que hasta en su manera de hablar inglйs parecнa mucho mбs un sudAfricano que un irlandйs. No le interesaba lo que ocurrнa en Ir landa, Gran Bretaсa ni Europa. Su tema obsesivo eran los problemas econуmicos que enfrentaba con el lodge que habнa abierto con Katje en Durban. Ellos pensaban que la belleza del lugar atraerнa a turistas y cazadores, pero no acudнan tantos y los gastos de mantenimiento eran mбs altos de lo que calcularon. Se habнan hecho muchas ilusiones con este proyecto y temнan que, tal como iban las cosas, tuvieran que malvender el lodge. Aunque su cuсada era mбs divertida e interesante que su hermano —tenнa aficiones artнsticas y sentido del humor—, Roger terminу arrepintiйndose de haber hecho ese largo viaje sуlo para visitar a la pareja.

A mediados de abril emprendiу el regreso a Londres. Para entonces se sentнa mбs animado y, gracias al clima sudAfricano, los dolores de la artritis se habнan atenuado. Ahora su atenciуn estaba concentrada en el Foreign Office. No podнa seguir postergando la decisiуn ni pedir nuevos permisos sin goce de sueldo. O volvнa a retomar el consulado en Rнo de Janeiro, como le pedнan sus jefes, o renunciaba a la diplomacia. Volver a Rнo, ciudad que nunca le gustу, que, pese a la belleza fнsica de su entorno, siempre sintiу que le era hostil, se le hacнa intolerable. Pero no sуlo era eso. Sobre todo, no querнa volver a vivir en la duplicidad, ejercer de diplomбtico al servicio de un Imperio que condenaba con sus sentimientos y principios. Durante toda la travesнa de regreso a Inglaterra hizo cбlculos: sus ahorros eran escasos, pero, llevando una vida frugal —para йl era fбcil— y con la pensiуn que recibirнa por los aсos que acumulaba como funcionario, se las arreglarнa. Al llegar a Londres su decisiуn estaba tomada. Lo primero que hizo fue ir al Ministerio de Relaciones Exteriores a llevar su renuncia explicando que se retiraba del servicio por razones de salud.

Permaneciу muy pocos dнas en Londres, organizando su retiro del Foreign Office y preparando su viaje a Irlanda. Lo hacнa con alegrнa, pero, tambiйn, con algo de nostalgia anticipada, como si fuera a alejarse para siempre de Inglaterra. Vio a Alice un par de veces y tambiйn a su hermana Nina, a quien, para no preocuparla, le ocultу los quebrantos econуmicos de Tom en Бfrica del Sur. Tratу de ver a Edmund D. Morel, quien, curiosamente, no le habнa contestado ninguna de las cartas que le escribiу en los ъltimos tres meses. Pero su viejo amigo, el Bulldog, no pudo recibirlo, alegando viajes y obligaciones que, a todas luces, eran pretextos. їQuй le ocurrнa a ese compaсero de luchas al que admiraba y querнa tanto? їPor quй ese enfriamiento? їQuй chisme o intriga le habнan hecho llegar para indisponerlo con йl? Poco despuйs, Herbert Ward le hizo saber, en Parнs, que Morel, enterado de la dureza con que Roger criticaba a Inglaterra y al Imperio en lo relativo a Irlanda, evitaba verlo para no hacerle saber su oposiciуn a semejantes actitudes polнticas.

—Ocurre que, aunque no te des cuenta, te has vuelto un extremista —le dijo Herbert, medio en broma, medio en serio.

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